FRANCHI Y EL CINE
jueves, 24 de febrero de 2011
Nos Mudamos
http://franchiyelcine.wordpress.com/
).
En caso de quejas, hacérmelas notar y volveremos por estos lados.
RFC
miércoles, 23 de febrero de 2011
¿Los niños realmente estarán bien?

Cuando me dispuse a ver esta película, sabiendo ya que toca el tema homosexual, que está en boga en estos tiempos modernos, supuse que iba a ver una cinta independiente que buscaría rasgar el extraño éxito que tuvo Brokeback Mountain, pero en este caso al sentido inverso. Al final me llevo la opinión de que tenía algo de razón, y que a su vez parte del principio de American Beauty.
La película intenta mostrarnos en todo momento que una pareja de lesbianas puede, con la mayor tranquilidad del mundo, sacar adelante a una familia tal como si fueran heterosexuales. La familia americana por excelencia. No me quejo, no soy tan escéptico a eso, pero no es tan fácil como te lo pinta Lisa Cholodenko. Nos la muestra tan integrada a la sociedad que no es creíble, es propia de un reality show. La directora se equivocó de pantalla: estamos hablando de cine, no de televisión.
Si, tiene un guión ligero, con situaciones que deambulan entre la seriedad del asunto y la comicidad para que el alargue no se haga tedioso. ¿Funciona? Si, si funciona. A medias, logrando lo que debería lograr en su sencillez, pero sin buscar más allá, sin llegar a la grandeza. Es por eso que se queda ahí, logrando en este caso una nominación a la Academia con un chance porque entran diez candidatas.
Sin darse cuenta, la cinta, que en principio busca apoyar este tipo de relaciones y abrir camino entre quienes se oponen, cae en los mismos estereotipos que plantearía una familia normal sobre este tema.
Nos muestran el personaje de Anette Benning, que es la heroína de la familia. Ella sola logró, como mujer independiente que es, levantar la casa a pesar de los fantasmas que le persiguen, propios de cualquier relación heterosexual. Por otro lado, tenemos a Julianne Moore, que bien podría ser la mala, la antagonista, aquella que a pesar de tenerlo todo, e ir a favor de sus gustos sexuales, necesita plantearse y calmar su deseo sexual con un hombre, y escoge nada más y nada menos que al padre de sus hijos: el desconocido que cedió su semilla en un banco de esperma.
La pareja, dos grandes actrices, se quedan cortas en su actuación de lesbianas. No hay pasión entre ellas y las situaciones llegan a verse confusas y exprimidas sin dejar mucho. Benning ganará su premio por el papel que hace de comandante de la casa, pero no por su lesbianismo. Los dos niños tienen un desempeño normal, no había que exigirles mucho tampoco. Quien si resalta es Mark Ruffalo en los distintos sentimientos que tiene que demostrar en las diferentes etapas de la película. Bravo por él, porque es el único que realmente llega a demostrar quien es, a pesar de que también hace las veces de antagonista.
Recomendada está. Tiene todo lo necesario para ser una cinta independiente de valor, y quedará para el archivo de proyectos homosexuales, pero se pierde por completo entre la línea de la verosimilitud y la ficción. Todavía le falta a este género agarrar camino en una sociedad que no está preparada para ellos. Por ahora, The Kids Are All Right.
RFC
martes, 22 de febrero de 2011
El fracaso de los Fockers

Este es el claro ejemplo donde el uso continuo de una fórmula que dio éxito años atrás termina presentando un resultado mediocre en su alargue. Esta tercera entrega de la saga que comenzó en su entonces con Meet The Parents, llega innecesariamente con el único fin de demostrarnos que la franquicia está acabada.
En esta oportunidad, el rol de director se le entregó a Paul Weitz quien, a diferencia de las antecesoras, en ningún momento logró unir al elenco para dar en el clavo y alcanzar la comicidad que desde un principio intentan plantear. Es notable como los mismos actores no se creen la trama y simplemente se postran como zombies a repetir el parlamento una y otra vez.
El dúo dinámico de Ben Stiller y Robert De Niro carece absolutamente de química, y a esto le agregamos la plana actuación de Jessica Alba que en ningún momento logró encontrarle personalidad a su personaje. En este caso le dieron alargue a la presencia en pantalla de Owen Wilson que termina aburriendo al espectador con cada línea sin sentido que expresa. Caso aparte para Dustin Hoffman y Barbra Streisand, quienes en los pocos minutos que aparecen intentan salvar la cinta con los mínimos recursos que tienen a su alcance.
El guión intenta mostrar situaciones que no terminan de explotarse, se quedan a medias dejando un vacío entre las secuencias. La historia gira sobre su mismo eje y no logra ni intenta despegar.
La carga cae en los dos pequeños de la familia que, tal como la madre, no salen de un segundo plano alejado por completo de la realidad dramática.
La película es un golpe bajo para los dos protagonistas. De Niro ya no es aquel de Taxi Driver, ya no es Corleone; lo mismo para Stiller, a quien su época dorada de la comedia americana se le extinguió la llama.
Al menos desde aquí celebramos la pequeña marca que dejaron sus antecesoras, y echamos al olvido este estreno innecesario que trae consigo el fin de la familia Focker.
RFC
lunes, 21 de febrero de 2011
El turista arrepentido

Cuando uno sale de viaje a conocer una ciudad nueva, y esta deja mucho que desear – así nos la haya recomendado Valentina Quintero -, uno se siente tal como cuando va al cine y ve esta clase de películas. En El Turista, uno es un turista, pero de los arrepentidos y obstinados.
Hay casos en la vida en los cuales los grandes logros son olvidados por hechos siguientes que marcan el declive. En este caso, no me gustaría que nuestro amigo alemán Florian Henckel Von Donnersmarck, caiga en el abismo y los espectadores olviden que aquella vez en 2006 logró hacer una película que le valió el Oscar a Mejor Extranjera, la espectacular La Vida de los Otros. Hoy, encompinchado de Hollywood y con ansias de crear fama en tierras nuevas, se desventura en un proyecto que no tiene pies ni cabeza, con dos grandes figuras del cine que parecen sacados de una telenovela venezolana.
Angelina Jolie es la propia mujer florero que se pasea en sus lujos de fantasía, con vestidos de gala y choferes marítimos. Johnny Depp es Jack Sparrow sin sombrero. No tengo otra manera de catalogarlo. Ambos intentan crear una conexión inexistente para demostrar una relación de pareja que en ningún momento convence por la excesiva falta de química que ambos dejan de proyectar. Ella con sus expresiones planas de mujer deseada, y él intentando dar algo para que la cinta pueda caer en la comicidad. No se le puede pedir mucho al hijo de Tim Burton, allá en la lejanía quedaron los tiempos de Edward Scissorhands y Sweeney Todd.
El guión no ayuda en ningún momento a que los dos actores puedan al menos demostrar que por algo están donde están. Diálogos propios de un guionista principiante con sólo dos semanas de fecha límite, que no demuestran absolutamente nada a lo largo de los más de noventa minutos de búsqueda de un ladrón sin rostro.
Las acciones no están justificadas, hay lagunas inmensas en toda la película, que terminan siendo rematadas con explicaciones banales, con cirugías plásticas, cambios de voces y cualquier fantasía infantil del momento.
Largas presentaciones de personajes. Cinta de acción donde en 45 minutos no ocurre nada. Conversaciones absurdas en cenas viajeras. Policías obsesionados sin razón. Amores ciegos. Cuentos absurdos. Todo un turista. Todo un turista.
Desde aquí salvamos quizá lo único que da la pantalla: Venecia. La fotografía puede pasar por impecable, pero no le encuentro algo más que no haya caído en este autoentierro. Es la típica película que viaja fuera de Estados Unidos y se encarga simplemente de mostrarnos la locación. Mira, tenían dinero para grabar en Europa, no importa la trama, graba en Italia. Por eso digo, el espectador es turista.
Al final intentan demostrarnos un desenlace inesperado que, cualquiera con la cabeza bien puesta puede deducirlo en el minuto 30. No había que alargar la cosa para llegar a esa conclusión.
The Tourist termina siendo un fracaso, es la película que no demostró ni la cuarta parte de lo que tenía que haber demostrado. Se ganó unas nominaciones inentendibles en los Golden Globes - creo que el jurado ni la había visto en pantalla. Esperemos que Florian no se deje llevar por esta época oscura, y que de ser necesario regrese a su país a seguir haciendo buen cine.
RFC
lunes, 31 de enero de 2011
127 horas de buena historia

Danny Boyle sabe arriesgarse, no necesita historias con similitudes para hacer buen cine. Hace poco fue galardonado por Slumdog Millionaire, pero yo en lo particular destaco Trainspotting, 28 Days Later y The Beach. En este caso, nos trae una trama cargada de angustia, aventura sin finales felices, y ansias de supervivencia.
Vemos la historia real de Aron Ralston, un montañista que queda atrapado en el Gran Cañón, producto de una piedra que se desprende de su camino. James Franco, en una actuación de gran calidad, logra aportar un papel exigente, donde por poco más de una hora es el único protagonista en lucha con las ganas de seguir viviendo y escapar de una muerte trágica y frustrante.
Las emociones, experiencias y la psicología interna se hacen eco en las horas sedientas donde el personaje en cuestión juega con el sentimiento de desistir o seguir en pie de lucha. Son los momentos delirantes ante una situación que se agrava con el paso del tiempo, y de la cual pareciera haber una sola salida.
Boyle logra en pantalla una combinación audaz entre el imaginario y lo real. Una energía que está sobre el personaje víctima en todo momento a pesar del destino en el que se ve envuelto. El espectador está sobre él, siente el problema, siente las ganas de escapar antes de las planteadas 127 horas. Es el enemigo hecho naturaleza, el terreno conocido y explorado que lanza los dados en su contra.
Un juego cinematográfico, donde el director juega con el estilo videoclip, mezclado con primerísimos planos que terminan abriendo para mostrar en general el lugar, la estancia final del personaje.
Un final llamativo por lo que se muestra en pantalla y en especial mención el sonido desgarrador que presenta, donde más de uno sentirá la tensión que la secuencia intenta expresar.
Aires de Buried: la soledad inconsciente, el despertar atrapado sin salida, la supervivencia que cada vez se aleja más, él no dejarse llevar perdiendo la calma. 90 minutos de una historia continua y tensa, donde acompañamos a Franco a lo inevitable. 127 horas de terror y angustia, donde lo más preciado es la vida.
RFC
sábado, 29 de enero de 2011
Willis + CIA + Malkovich + Fórmula = RED

Robert Schewentke me había molestado en The Time Traveler’s Wife, pero en este caso admito que me mantuvo presente sin miramientos con excusas escapatorias. RED presenta un elenco de primera para la película que es. En principio podríamos decir que esa es la razón por la cual la salvamos de caer en el abismo de la comicidad moderna, donde son pocas beneficiadas las que no dan el último paso a la caída.
No conozco la historia de DC Comics en este caso, por lo que no la compararé con la obra original.
Bruce Willis regresa con ese tono característico en plan comedia que ha demostrado por muchos años ya, aferrado a un guión sin sentido y sin mucho trabajo por detrás, pero con cierto aire negro que lo convierte en una crítica interesante. No es algo nuevo: es una fórmula repetida y que en sus momentos determinados ha funcionado. Es el problema C.I.A. la temible, desadaptada y capaz de todo C.I.A.
La trama carece de historia, son situaciones que se presentan aisladamente para entregar una continuidad lograda a los golpes, con ciertas frases y chistes que realzan el guión puntualmente, y llegan a ser los intérpretes quienes la logran realzar.
Es una autoparodia – si podemos llamarla así – del mismo Bruce, que sabe que sus años ya pasaron y que esto es lo que le queda: entretener. Pulp Fiction y Twelve Monkeys ya le quedaron grandes. Otras épocas.
La crítica interna da pie a la época que vivimos actualmente donde la C.I.A. es prácticamente la célula terrorista más grande del mundo, y son los agentes paranoicos, olvidados, echados a la calle, quienes tienen que poner orden a la situación. El enemigo no está allá afuera vestido de musulmán, está en el propio imperio y tiene más acceso que nunca.
Malkovich cada vez demuestra que los papeles de trastornado son los que se le dan. Sí, se queda estancado, pero a su edad ya eso no es relevante. Repito, la película está basada en fórmulas que han servido, y es eso: no arriesga, sólo plasma lo conocido, lo que a nadie le molesta.
Es una cinta que llega tarde, que ha podido llegar años antes y marcar relevancia, pero cumple su función. Los vieja escuela, al estilo Expendables, aparecen nuevamente en pantalla y se comen al mundo.
RFC
martes, 28 de diciembre de 2010
Las 10 del 2010

9. THE LAST EXORCISM

8. INCEPTION

7. I'M STILL HERE

6. THE SOCIAL NETWORK

5. DUE DATE

4. KICK ASS

3. BURIED

2. BLACK SWAN

1. SHUTTER ISLAND

RFC
Buried, para desenterrarla

Rodrigo Cortés debutó en 2007 con su primer largometraje Concursante, acaparando la atención cinematográfica con varios premios nacionales e internacionales. Ahora, el director español vuelve con una película que seguramente va a pasar desapercibida en las próximas fechas venideras de premiación, pero al menos aquí, nosotros, nos tomaremos la molestia de hacerlo.
Se trata de un thriller psicológico, donde reina la claustrofobia por encima de todo, con gramos de miedo, impotencia, desesperación y búsqueda de la verdad. Por una hora y media vemos en pantalla a Ryan Reynolds, enterrado en un pequeño ataúd, intentando averiguar las causas de su prisión; y lo que hace interesante este proyecto es que el espectador está igualmente dentro de ese cajón, y lo único que sabe, es lo que sabe el protagonista.
Hay un magnífico manejo de cámara de Cortés, dejando a un lado la cámara fija para dejar que el actor muestre todo el conflicto, por el contrario, el director se arriesga a introducirnos en ese pequeño mundo bajo tierra, y así mostrarnos el espacio real que vive el personaje.
La actuación de Reynolds está interesante, verdaderamente logra causar el desespero claustrofóbico en su lucha de entender la verdad y lidiar con quienes deberían poder sacarlo de ahí. Por hora y media es el único que aparece en pantalla y el actor logra que el espectador mantenga la atención en todo momento sin extremo cansancio.
El guión está a cargo de Chris Sparling, y es quizá lo menos acertado en todo el conjunto, aunque de igual manera da en el clavo manteniendo el hilo narrativo, siempre en búsqueda de la tensión y el miedo.
Es la actitud empresarial, la ineficiencia de las fuerzas de seguridad mundial y de aquellos encargados de lidiar con problemas de rehenes y terroristas, la evolución tecnológica que no está al alcance de un ciudadano común, el desinterés de los Estados ante el individual. Buried crea también una crítica proveniente de las decisiones tomadas y acciones planteadas a raíz de 9/11 o Irak. La falsa esperanza, el egoísmo nacional, y al final, los pequeños ciudadanos son quienes pagan.
No es la primera película que trata el tema del entierro en vida, ni es la primera en crear este tipo de suspenso en tensión claustrofóbica. Habría que desenterrar al amigo Hitchcock y cuestionarlo sobre estas nuevas versiones, pero como dije arriba, es una película genial, que se coloca fácilmente entre las más acertadas del año y que seguramente pasará desapercibida. Desde aquí la celebramos y la premiamos.
RFC
lunes, 27 de diciembre de 2010
Black Swan, dando bailes

Darren Aronofsky regresa con una historia psicológica que desde el primer momento busca deconstruir al personaje principal. Es el juego mental entre el bien perfeccionista y el mal, que lo es aún más.
“El Lago de los Cines” es una pieza de ballet compuesta por Piotr Ílich Chaikovski, que desde 1877 se ha realizado en distintas partes del mundo en diferentes versiones adaptadas. Aronofsky en este caso, hace de ella su propia obra, al punto de descontextualizarla para mostrar con rigidez la cumbre de una bailarina de ballet, y a qué se debe enfrentar para lograrlo.
Es una cinta oscura, dividida entre dos personajes provenientes de una misma mente, con escenas que pueden retorcer al espectador, pero que en todo momento busca tratar su grandeza y así resaltar el conflicto que varía entre la avaricia y la perfección.
Natalie Portman, por su cuenta, tal como el personaje, llega al momento cumbre de su carrera. Está aprovechando el éxito que puede premiarla próximamente. Una actuación impecable, y es que para lograr hacer una película sobre la deconstrucción de un personaje, es necesario contar con alguien que de la talla. La actriz sorprende, no nada más en cuanto actuación, sino en baile. Hizo bien su tarea y logró lo que buscaba la dirección.
Por su cuenta, los actores secundarios son dignos de reconocimiento. Vincent Cassel, es quien pone el grano de arena para que la bailarina entre en conflicto consigo misma. Es el todo por el todo por un papel en la obra, aunque el director diga que no sirve. Mila Kunis, logra destacarse, saliendo de ese papel de niña hippie de voz aguda que mostró tanto tiempo en That 70s Show. Logra en este caso una actuación impecable, alcanzando los celos y sentimientos paranoicos de la protagonista.
Detrás está Barbara Hershey, haciendo el rol de madre, y es quien nos lleva a entender de donde nacen todos los conflictos. Con eso de que siempre los problemas comienzan en casa, Black Swan logra tratar con rudeza lo que se vive en un hogar de exigencias y consentimientos. Winona Ryder, en su caso, con un pequeño papel, que demuestra que una vez que la perfección es lograda, comienza la caída del héroe, el declive de una estrella. Es la diva en descenso, que le abre paso a una nueva, y la historia tal como ya fue contada, se repite y se repite.
Aronofsky demuestra una vez más, que para llegar a entender al personaje en conflicto hay que acercarse. Con la cámara lo muestra, siempre montado encima de los actores. Es el peso que cargan, y eso nuevamente logra plasmarlo con facilidad. Acostumbrado en sus películas a mostrar personajes opacados por sus fantasmas, lo vimos ya en The Wrestler (El Luchador) o Requiem For A Dream, hasta su decadencia.
Black Swan entra en la lucha por hacerse puesto entre las mejores del año, y bien merece su reconocimiento. Desde aquí esperamos que obtenga su mérito como es debido. Por lo demás, a Facebook le dieron un baile de ballet.
RFC
martes, 7 de diciembre de 2010
Hollywood en una red social

Diariamente, Mark Zuckerberg hace pública la vida de todas las personas sobre el planeta, ahora fue el turno de Hollywood, comandado por David Fincher, quien expone la vida de este atormentado personaje: que renunció a sus amigos y su vida patética, para entrar en el mundo de los famosos y los escándalos.
Fincher se sube al tren de una historia que permanece reciente y que está lejos de acabar. Nos presenta a este joven millonario desde sus comienzos, con sus debilidades, su frialdad producto de su incompetencia a la hora de relacionarse. Guerrero narciso y solitario, que se hace eco de una idea virgen en proceso de desarrollo y la transforma en un monstruo capaz de cambiar la era tecnológica.
Zuckerberg en The Social Network viene a ser el hijo incomprendido del creador de Tyler Durden en Fight Club, es un personaje lineal, que en ningún momento muestra un cambio en toda la trama. Es predecible, transparente, plano, es un saco de complejos a punto de explotar, pero que en ningún momento estalla como una bomba de tiempo. El drama de Fincher se hace notar. En este caso deja una huella personal en el mundo de las fraternidades, en Harvard, en la guerra por lucir, la lucha económica y el prestigio de dejar un nombre en el paso universitario.
Cada personaje en la historia vela por su propia conveniencia. Existe el sentimiento frívolo en cada uno de ellos, bien sea al coronarse en la cima de los inventos o perpetuar el apellido fuera de los escándalos, con fin de cuidar la reputación mantenida en años por demás familiares.
La película cuenta con un ritmo lineal que en ningún momento sube o baja, sino que se mantiene en un horizonte plano, alcanzando un drama que busca elegantemente caer en determinados instantes en la comedia inteligente. El tiempo va y viene, presentándonos el alzamiento y colapso del héroe social, así como la red, tal y como la conocemos, con sus puntos y aplicaciones, va cogiendo forma y esquematizando lo que hoy en día acostumbramos a usar como parte de nuestra rutina diaria.
Al final entendemos que el personaje atormentado se llevará por delante a quien tenga que llevarse para alcanzar una meta, un puesto en la historia. No es nada nuevo, es algo que conocemos ya. El narciso logrará lo que se planteó desde un comienzo a pesar de que a su alrededor exploten como torbellinos desesperados buscando figurar, distintos aspectos de su vida pasada. Los amigos, los enemigos, los que una vez estuvieron y los que no, todos quieren sacar su pedacito de pan. Todos quieren su firma, su porcentaje. Válido o no, están allí, presentes para aprovecharse o para hacer justicia.
Fincher expone de igual manera los problemas autoritarios que existen en todas las entidades, en este caso, la universidad. Es el día a día de cualquier persona, con dinero o no. La odisea para lograr diligencias publicas. Es el Goliat sobre un David que terminará despertando años después para darle con una piedra en los dientes.
Sorpresa ofreció Timberlake, quien en su carrera cinematográfica jamás ha sido valorado porque no ha tenido ninguna representación digna de tal. Lo está logrando, poco a poco, sacándose la imagen de bailarín pop, a sabiendas de que ya eso de ser el doble de Jackson no está en vigencia. Suerte en el proceso evolutivo para Justin.
No es la película del año, aunque se muestra como favorita a llevarse ese premio. La historia y la Academia decidirán que hacer con este Mio Cid tecnológico, que llegó para salvar a aquellos que deben esconderse detrás de una pantalla para abrirse camino en la sociedad egoísta que nos rodea en estos tiempos. La celebramos, y aseguramos que los premios venideros pueden estar de más.
RFC
miércoles, 24 de noviembre de 2010
Harry Potter mejorando en sus finales

Hasta los momentos la tercera parte de la saga Harry Potter era la que de alguna manera había dado la talla. Hoy en día puedo decir que David Yates, con esta primera parte del séptimo libro, pudo salvar los fracasos de la quinta y sexta.
Es, sin duda alguna, la película que más se apega a la historia del libro aunque no logra unir todas las escenas necesarias para el entendimiento total de la trama – al menos lo intenta. El guión tiene una gran cantidad de baches narrativos, lagunas que pueden atentar contra aquellos que no fueron fieles lectores de la historia de J. K. Rowling desde los comienzos.
Una variación constante de ritmo arropa las casi dos horas de película. Comienza con un tono elevado que después cae completo en una eterna calma cargada de pequeños giros interesantes que le van dando un sube y baja a la historia.
Los tres protagonistas emprenden un viaje de reflexión y búsqueda donde los deseos carnales adolescentes salen a flote. Los celos y pensamientos encontrados se hacen eco en la relación amistosa del trío mientras disfrutan de grandes paisajes británicos que sirven de postal en la vía ya conocida de Twilight.
Un innecesario alargue le dieron al viaje que se lleva más de la mitad del tiempo de cinta. Escenas que muy bien están de más como un absurdo baile entre el elegido de la cicatriz y su amiguita la estudiosa, que rompe completamente con la imagen que tiene el protagonista en los libros.
Yates logra una imagen más oscura de Harry Potter, en tiempos donde el famoso Voldemort reina el mundo de la magia y no hay ningún Dumbledore que llega a hacer el papel del padre con aires de esperanza. Momentos de humor negro explican que la saga ya dejó de ser infantil, y por detrás de la historia siempre se esconde una crítica política a los tiempos que vivimos hoy en día donde el autoritarismo y la represión, servidas en bandeja de plata, terminan por crear una sociedad pobre cargada con altas dosis de pesimismo.
Quien verdaderamente le da ritmo a la cinta es Ralph Fiennes encarnando a Voldemort. Las apariciones de este personaje logran un ambiente perturbador que enriquece enormemente la película. De igual manera Helena Bonham Carter sorprende volviendo a hacer de villana y escapando completamente de la perfecta actuación lograda con la Reina de Corazones en el mundo de Tim Burton.
Con esta primera parte del final de la saga, Warner logró salvarla, un poco tarde y fuera de fecha, pero demuestra que el daño anterior no estaba hecho en su totalidad, y que estas grandes producciones – que más que historia aportan dinero – están para sacarle provecho.
RFC
lunes, 8 de noviembre de 2010
Todo un parto que se ve sin parto

Due Date, o Todo un Parto como la llamaron aquí, es sin duda alguna la mejor comedia del año, y no puede ni debe pasar desapercibida cuando se hable de las diez mejores del 2010.
El tema lo conocemos mucho, claro que no pasea directamente por las vías de la originalidad, pero a estas alturas ¿qué no se ha hecho en Hollywood? La pareja dispareja que no logra entenderse han protagonizado películas hasta el cansancio, pero lo interesante en este caso es la ejecución del problema. Los chistes están involucrados con una perfección estudiada bajo un lineamiento irreverente, cada momento cómico en la historia está pensado minuciosamente para que no pase desapercibido pero para que tampoco perdure más tiempo del debido.
El director de esta comedia es Todd Phillips, el mismo que hizo las aclamadas Road Trip (Viaje Censurado), Old School (Aquellos Viejos Tiempos) y The Hangover (¿Qué Pasó Ayer?), y las poco talentosas Starsky & Hutch y School For Scoundrels (Escuela de Idiotas), quien repite la formula del road trip movie en los lineamientos del odd couple movie con un resultado más que acertado, jugando con situaciones convencionales llevadas en momentos a extremos probables y efectivos.
Phillips logra madurar, nos muestra por excelencia que una comedia no se basa únicamente en divertir y contar chistes; en este caso los planos buscan demostrar mucho más allá, es un paseo por Estados Unidos, es el encuentro con la figura del padre, es el valor de la amistad.
El elenco cumple y sobra: la dupla de Robert Downey Jr, que ha demostrado con su versatilidad que puede hacer drama y comedia, en unión con Zack Galifianakis, quien había trabajado ya con Phillips en The Hangover y se había comido la película, marcan la pareja perfecta para la continuidad impecable que se muestra a lo largo de la cinta.
Los personajes al comienzo se muestran estereotipados, pero con el paso de los minutos se van aclarando y mostrando sus cambios. Es el caso de Galifianakis, que se muestra en primera instancia como el gordito desadaptado y caótico que pareciera que con cada paso que de nos va a regalar un chiste, y termina siendo el impulsador de la amistad entre los dos involucrados.
Momentos imperdibles acompañados de cameos también están presentes. La pequeña aparición de Juliette Lewis es épica, y da paso para que Downey Jr tenga un altercado con un pequeño niño, que es sin duda una de las mejores escenas de la película.
Sin más, absolutamente recomendada, para reír con humor irreverente e inteligente. Dejar las penas a un lado y golpear la amargura por lo menos por dos horas.
RFC
lunes, 1 de noviembre de 2010
Subhysteria: el absurdo en un vagón

La opera prima de Leonard Zelig llega a Venezuela para mostrar lo que se puede hacer sin presupuesto y sin guión. Es un proyecto arriesgado que posiblemente, y gracias a su campaña publicitaria, podría haber salido airoso, pero no fue el caso.
Ya el cine nos tiene acostumbrados al género guerrilla, gracias a “El Proyecto de la Bruja de Blair”, “REC”, “Open Water” o “Paranormal Activity”, cintas de terror postmoderno que con muy bajo presupuesto alcanzan altos niveles de taquilla.
SubHysteria, desde hace meses, nos venía prometiendo demasiado. Un grupo de actores, utilizando la técnica improv, con un pequeño guión que sólo marcaba un inicio y un final, se supone lograrían recrear el comportamiento humano ante una situación no cotidiana: el encierro imprevisto.
El cine de suspenso cambió después del 9/11. La paranoia terrorista está presente indirectamente en todo lo que se ha venido desarrollando desde entonces. Es precisamente en esto lo que piensa el espectador durante los primeros 10 minutos de SubHysteria, aún sin saber la razón real del drama que sufren los protagonistas dentro del metro de Nueva York.
Una vez encerradas las 16 personas en el vagón, comienza una especie de fiesta surreal que, en ningún momento, se adapta a la situación que se supone está transcurriendo. A medida que las horas van pasando –sin sentido orgánico alguno del tiempo–, las botellas de licor, lo mismo que las drogas, se van sirviendo en bandeja, como si de un experimento entre amigos se tratase. Incluso después de casi 10 horas de encierro, los participantes no parecen caer aún en cuenta de lo que ocurre a su alrededor.
En ningún momento llega la esperada histeria colectiva, ni el instinto de supervivencia activa la necesidad de los involucrados de actuar como individuos y no como grupo. Episodios aislados, llevados por determinados personajes que obligan al espectador a regresar de nuevo a la situación desesperada y mortal que están viviendo, se esfuman a los pocos segundos de manera violenta con diálogos banales, al propio estilo de Tarantino, que en este caso entran a la fuerza en una historia en la que no calzan del todo.
A medida que transcurre el tiempo surreal, inorgánico, desvinculado de la temporalidad humana, unos flashbacks nos van mostrando la vida cotidiana de cada uno de los personajes. El problema está en que, salvo dos o tres excepciones, estos pequeños segmentos no terminan de justificar ni su actitud ni sus acciones.
La película termina rematada con un final quizás buscado, pero no convincente, dándole protagonismo a un personaje que nunca lo tuvo, en un acto innecesario, y en desacuerdo con las actitudes o diálogos mostrados a lo largo de la hora y media de película.
La cinta está sobrecargada de planos arriesgados, que en muchos casos ciertamente apoyan las intenciones del director, pero el problema está en el uso excesivo del slow motion, que hace que el espectador pierda el sentido de desespero que se trata de mostrar en determinados momentos.
En cuanto a las actuaciones, mérito aparte y merecido para la estadounidense Estelle Bajou, quien dentro de la improvisación, fue quien se mantuvo realmente apegada a la situación que estaban viviendo.
Por otro lado, hubo actuaciones convincentes como la del indio Lavrenti Lopes, quien buscó relacionarse en todo momento con el pulso del sentimiento grupal, o del italiano Tommaso Matelli, quien desde el comienzo desarrolló a cabalidad su personaje.
Entre los cuatro venezolanos que participan, resalta Rebeca Alemán cumpliendo con un papel obsesivo-compulsivo que realiza con contundencia, dejando opacada por completa la aparición de los otros tres, que resultan completamente nulos para la historia. Pareciera ser que los venezolanos necesitaran gritar y sobreactuar dentro de la improvisación para hacerse notar, creando una interpretación que termina por rozar las fronteras de lo ridículo.
Es bien conocido que al venezolano le gusta la fiesta, pero un baile flamenco en un vagón de metro, tras 25 horas de encierro, es completamente irreal. Por otro lado, pareciera ser ya un lugar común la necesidad de mostrar lo peor de la venezolanidad en el extranjero: un grupo de criollos llega a Nueva York, sin tener idea de cómo montarse en un metro, y una vez que llegan a un restaurant se dedican a gritar y hablar sin sentido lógico.
Como dije al principio, esta película fue un riesgo que valió la pena correr. Muchos aspectos de la cinta que son rescatables, y a pesar de que no cumplió con todas las expectativas, marca un comienzo en la nueva era del cine venezolano.
RFC
The Expendables, una reunión mercenaria

Esto no es ni será una película de culto. No se le puede exigir mucho al guión o a la actuación. Es una simple reunión fiestera hasta el amanecer de tiros, desmembramientos, golpes y explosiones.
Sylvester Stallone logra reunir a todos los hombres fuertes del cine, a todos los que saben dar golpes y manejar armas. Son los héroes del ayer nuevamente convertidos en máquinas para matar. Es una muestra al mundo de que los años han pasado, las arrugas se adueñaron del cuerpo, pero la habilidad para hacer desastres sigue intacta. La reivindicación al propio estilo de que nunca es tarde para seguir haciendo lo que se conoce, y qué mejor manera de hacerlo que con los propios amigos.
Es una vuelta a los ochenta/noventa, donde Stallone hacía lo que le daba la gana en las películas de acción que dirigía o protagonizaba. Ahora lo vemos con su grupo de renombres como Jason Statham, Jet Li, Steve Austin, Mickey Rourke, entre otros explotando y aniquilando a todo un ejército.
La trama – así como para justificar el caos-, viene a darse contra un dictador sudamericano que la propia CIA colocó en dicho país y que simplemente se les escapó de las manos al estar aconsejado por un ex agente de los mayores que actúa a su propio beneficio llevándose por delante a quien sea necesario.
No puede faltar la mujer. La debilidad de todo combatiente, la causa de lucha, la demostración de que se vive para o por alguien. La que viene a poner las reglas en el juego porque hay que actuar por ella. El rescate digno de la propia reivindicación. La sencillez en el guión porque lo que importa es ver la acción.
El cliché es uno de los altos protagonistas de la película, los comentarios que buscan un humor negro preparado para crear frases de hombre malo. Es la competencia del más fuerte, del más cómico, del que logre más caídos.
Arnold Schwarzenegger hace un cameo de pocos minutos como la aparición de otro de los viejos guerreros ahora transformado en la política. Hombre encorbatado que no acepta el trabajo destructor por estar ocupado en otra cosa. Atención a la música que suena de fondo cuando el Terminator aparece con cabeza en alto pero con aires de cansancio. Es el gobernator con su espalda a cuestas, recordando que nunca fue sólo un hombre de política.
Las escenas de acción muestran una evolución. Hay una especie de coreografía interesante cada vez que luchan, en cada explosión. Todos los personajes dan y muestran lo que tienen que mostrar. No se puede pedir más de lo que presentan. Stallone se mostró tal y como es, sin mascaras de Halloween o disfraces llamativos. No hay cabida para una conspiración al estilo Nolan o un giro dramático sorpresivo. The Expendables es una pieza para los amantes del cine acción y una película de verano para quienes pueden disfrutarlo.
RFC
miércoles, 27 de octubre de 2010
Machete a Arizona

“Machete is the boss”
Robert Rodríguez ya había dado las invitaciones para esta fiesta sanguinaria y absurda, cuando mostró el falso trailer de un proyecto que tiene vida desde 1993 en Grindhouse, aquella dupla que hizo con su amigo y maestro Tarantino.
En Machete, Rodríguez logra unir todos los fetiches que no ha logrado hacer en otros proyectos, recurre en todo momento a la violencia extrema, y desde el comienzo nos dice que la censura no tiene cabida en la historia.
Es una película cómica, seria, extravagante, egoísta y errante; y eso es lo que la hace tener sentido. Peca por completo al carecer de un guión lógico – algo que ya es costumbre en el curriculum de Rodríguez-, tratando de crear personajes a lo Tarantino, que se quedan cortos ante la clara falla en el guión.
Lo interesante de esta cinta es que con todo y sus errores logra una perfección a su propio estilo, mantiene su personalidad creando una naturaleza egoísta donde la exageración y Danny Trejo son protagonistas. Es un gore caricaturesco para mostrar que el sexo y la sangre es gratis en ese mundo. Trejo saltando de una ventana con los intestinos de un pistolero es una escena épica.
Machete tiene una plataforma seria por detrás. Es el disgusto del director ante la ley de inmigrantes de Arizona. Es una crítica salvaje, políticamente incorrecta al desastre inmigratorio que hay montado en la frontera, donde la xenofobia parece estar controlando todo. La historia va contra los policías corruptos, el político propagandista dispuesto a todo, los hombres de negocios ilegales, unidos en un torbellino descabellado.
Danny Trejo es por encima quien opaca al resto del cast de grandes nombres. Robert De Niro, quien con una larga y seria carrera aparece en este proyecto burlándose de lo convencional, demostrando así que no todo depende de las garras de Hollywood y el éxito asegurado.
Por otro lado hay personajes como Steven Seagal que aparece la mayor parte del tiempo detrás de una computadora en una especie de videocall o Lindsay Lohan que no hace más que tener escenas de desnudo donde es sustituida por una doble. Jessica Alba aparece como siempre sin expresión alguna, y Michelle Rodríguez aparece fuerte en su personaje, salvando quizás el casting femenino.
Al final, Machete viene a rescatar un cine que estaba olvidado y poco valorado, un cine independiente de bajo costo con olor y estética grindhouse. Una pieza inolvidable para quienes la saben apreciar. Es el viva a un nuevo héroe sanguinario que busca justicia en la frontera y que es capaz de convertir cualquier objeto en un arma letal para acabar con la corrupción y xenofobia.
Larga vida a Machete.
RFC
lunes, 25 de octubre de 2010
La Hora Cero: una parodia a la venezolana

Primero quiero apuntar que no todo lo hecho en casa tiene que ser bueno, sólo por el hecho de ser venezolano. Tiene que haber espacio para la discusión y la crítica, que son las que favorecen el desarrollo y la evolución de cualquier institución. En este caso, el cine.
Cuando se acabó La Hora Cero me quedé pensando, lidiando con una serie de pensamientos y sentimientos encontrados. No pude menos que preocuparme por el hecho de que, actualmente, nos estemos riendo tan fácilmente de nuestra propia desgracia.
Quizás Velasco no coincida conmigo, pero tengo la impresión de que la película es una crítica, a ratos exagerada, a nuestra cultura, nuestro actuar. En fin, a nuestra situación y sus absurdos. A esta contemporaneidad venezolana que, por compleja, por momentos impide entender el momento histórico que vivimos y, por consiguiente, lo que puede estar por venir.
La Hora Cero, en principio, parece colocarnos en un lugar interesante para pensar, para luego comenzar a repartir culpas a diestra y siniestra. En la trama, todo el mundo es culpable de algo. Si algo nos ha enseñado el cine independiente norteamericano es que, al final del día, nadie está del todo libre de culpa. Venezuela no es la excepción: el malandro del barrio es tan culpable como el malandro de paltó y corbata coleado en la política. Esa es parte constitutiva de nuestra verdad, de nuestra historia, y la película, precisamente, abre el espacio para pensar en esos términos. Sin embargo, como bien dijo mi amigo Carlos Peláez, el público en las salas parece estar más pendiente de reír a carcajadas con cada grosería que se dice.
A pesar de lo que se escucha en la calle, esta no es una película cómica. Deriva de la escuela de Tarantino, de Guy Ritchie, pero en ningún momento los alcanza. Tiene mucho de humor barato, sencillo, evidente, que procura ser crítico sin llegar a oscurecerse. No logra ser reflexivo porque peca de superficial, de reiterativo. Una sobrecarga de chistes predisponen al espectador a reirse casi automáticamente, opacando lo que, aparentemente, es en el fondo el verdadero mensaje de la película. Sin comentarios la versión malandra del éxito del Puma.
La crítica a los medios de comunicación, hecha evidente en la aparente parodia al programa 3 para las 9 es clave en la historia. Allí se genera la atmósfera de sospecha, de manipulación, de tensión del poder que se crea en la pantalla chica. Es el retrato de una inclemente competencia, búsqueda y forja de la noticia, de la creación de personajes a los que se lleva a la cima para luego dejarlos mal parados en cuestión de segundos. Es la mano mediática (privada o pública), tantas veces vista detrás de la manipulación de la opinión de la ciudadanía.
Por otro lado, se asoman los intereses detrás del poder. El político barato que se hace eco de una problemática colectiva únicamente cuando hay una necesidad personal. La corrupción sin tapujos. Es una critica lógica. Sí, eso ocurre en Venezuela. Ocurre en el resto del mundo. Sin embargo, hay otras maneras menos predecibles de resolver la trama, y darle un mejor giro dramático, si la idea es no caer en lo lineal.
Ya basta de enaltecer la figura del asesino. Vivimos en un país en el que la inseguridad es protagonista, y el cine venezolano parece estar empeñado en vendernos la idea de que el hombre armado, disfrazado de Robin Hood, es chévere, es lo que nos da risa, es quien nos divierte, y a quien debemos constantemente comprender y recomprender, porque el malandro no nació malandro, porque tuvo una infancia problemática y porque al final de sus días quiere rectificar. Ojo con eso. Es una problemática social que tampoco es tan sencilla. Reducirlo al argumento freudiano de la infancia compleja no es, hoy en día, una tesis del todo plausible.
Es preciso comenzar a desligarse de los clichés. Los estereotipos presentados a ratos rayan en lo absurdo. La miss homosexual que se opera los senos, el camarógrafo marihuanero, la reportera que levanta para conseguir la entrevista. Clichés que si bien obedecen a pesonajes que podríamos reconocer como típicamente venezolanos, no ayudan a construir personajes menos unidimensionales.
Si bien la temática es la misma a la que estamos acostumbrados a ver en el cine nacional, La Hora Cero representa un paso más adelante, cinematográficamente hablando. Hay un claro esfuerzo en la dirección, logrando la atención del espectador con interesantes tomas de acción poco vistas en casa. Las actuaciones tienen sus bajones: la de los malandros salva la interpretación novelesca y alejada del cine creíble que presentan Marisa Román y su combo de televisión.
No se justifica la respuesta automática que reza que “es que esta es nuestra realidad”. La realidad venezolana no es únicamente la del barrio, el criminal y la violencia. Hay otros aspectos en la vida del venezolano que pueden ser retratados en una película. Ya se está haciendo tedioso ir a ver siempre lo mismo. La historia la conocemos.
La película no es mala, pero los invito a reflexionarla. Rían si les parece pertinente (no soy un verdugo de la comedia liberal), pero piénsenla después. Allá abajo los comentarios y a debatir.
RFC
El renacimiento de Predators

Esperar una secuela de Predators es peligrosa. Después de haber visto la especie de Mortal Kombat que crearon para que Alien se disputara con los Depredadores, el reinado de los extraterrestres más malos del universo en Alien Vs Predator, cualquier cosa se puede esperar. Ahora, uno espera que con Robert Rodríguez detrás del proyecto, la idea pueda funcionar de alguna manera. De hecho funcionó.
Desde el comienzo ya se notaba la incertidumbre y la mano de Rodríguez recordando cintas de terror de antaño. Un grupo conformado por personas de las organizaciones más criminales de la sociedad mundial: la mafia, el ejército americano, la guerrilla, la yakuzza: Todos encerrados en una selva desconocida, tal cual perdidos en Lost. Una especie de purgatorio que sirve de escenario para la cacería deportiva de extraterrestres.
Un reparto digno, con Adrien Brody a la cabeza, recordando al tipo duro que alguna vez interpretó Arnold Schwarzenegger, Alice Braga, haciendo del cliché personaje femenino indispensable en una cinta de acción de este tipo. Danny Trejo que va convirtiéndose poco a poco en uno de los consentidos de Rodríguez y una breve aparición de Laurence Fishburne que marca la mejor interpretación de toda la película.
La trama revive a su manera la película de John McTiernan de 1994. En determinadas escenas pareciera estarse viendo esa cinta, o al menos recordarla. La figura de los Depredadores ha variado con el paso del tiempo, se ven más preparados, trajes nuevos, aunque en la escena final uno de ellos se coloca el mismo casco que usaban en la original, y de esta manera se logra marcar la diferencia.
Planos y secuencias que perfectamente denotan el suspenso esperado. Un tratamiento en la fotografía clave que ubica al espectador en esa condición de selva amenazante y desconocida.
Un guión inteligente aunque cargado de clichés nos remonta a la disputa ya conocida entre humanos y alienígenas, en este caso en formato de cacería animal con enigmas por resolver al propio estilo de un parque jurásico. Esos enigmas no terminan de resolverse nunca, pero se entiende el propósito de dejar a un lado las explicaciones aburridas y mostrar la acción en todo momento. Una vez más el amigo de Tarantino demuestra que Hollywood está para deshacer y construir nuevamente saltándose las fórmulas y cánones del éxito.
La serie termina siendo salvada, quizás no con aires de grandeza pero si con una gran aceptación y superación. Se hizo lo que se tenía que hacer, y el personaje que estaba prácticamente ya acabado y en el olvido, renace y entretiene nuevamente en la gran pantalla.
RFC
El diablo tiene cara de éxito independiente

Fuimos a ver Las Caras del Diablo con prejuicios ya marcados. Las películas venezolanas este año – a mi humilde opinión – no han dado la talla, a pesar de las mil discusiones que he tenido con la gente sobre Subhysteria y Hermano. Unos vinos blancos, tintos y jamón serrano hicieron que la calurosa espera en el Tolón no fuera tan grave.
Se trata de un proyecto que no cuenta con capital. Una camioneta puede llegar a costar más de lo que costó hacer esta película, sin embargo, raspando la olla, lograron hacerla demostrando que se pueden hacer cintas independientes, con bajos costos y buenas ideas.
Criticaba en otras oportunidades las películas monotemáticas que se hacían en el país. Con orgullo puedo decir que Las Caras del Diablo escapa completamente de la fórmula nacional donde el barrio y las drogas son la clave del éxito, y la única fuente de cultura que ofrecen las calles de este país.
El tráfico de menores viene siendo el tema principal para después mostrarnos problemas cotidianos que todos conocemos ya por ser continuas víctimas del caos social y familiar, o la corrupción en el sistema que, si bien son protagonistas claves en Venezuela, están presentes en cualquier parte del mundo.
Tiene sus influencias y rasgos característicos en películas como Taken o Man on Fire, pero en este caso es Jean Paul Leroux el héroe incomprendido que ha tenido bajones en su trabajo a causas de fantasmas sin resolver del pasado, y que buscará la justicia a toda costa, haciendo pagar a quien tiene que pagar.
El guión establece esta crítica al sistema y a la viveza nacional de una perfecta manera. No cae en ningún momento en la exageración de las situaciones como ya nos tienen acostumbrados las películas hechas en casa cuando llevan al extremo este recurso.
La estética sigue los lineamientos del cine guerrilla, con un tratamiento fresco pero muy orientado a los días de Archivo Criminal, al punto que puede llegar a ser tedioso. De igual manera el sonido, en determinados momentos, imposibilita entender con facilidad los diálogos de los personajes, y la musicalización llega a descontextualizar la historia; son detalles de post producción, que demuestran la independencia del proyecto.
Las actuaciones son un problema en todas las películas que se hacen aquí. Esas interpretaciones novelescas y teatreras se alejan completamente de la realidad al punto de no convencer en muchas escenas, y de recrear momentos exagerados donde no tienen que serlo. Clase aparte para Leroux, quien nuevamente demuestra que es uno de los actores de cine más creíbles en Venezuela.
Es una película interesante, con un tema fuerte que no pierde vigencia y que merece ser vista y reconocida. Buena propuesta para el fin de semana, y una muestra más de que el cine independiente sigue cogiendo ritmo. Abierto allá abajo el debate. Véanla y nos vemos en los comentarios.
RFC
Remember Me: con un vampiro que no brilla

Confieso que tenía mis dudas con esta película sólo por ser protagonizada por Robert Pattinson. Al final me dejó un sabor agradable: una historia interesante que quizás no fue perfectamente contada pero que sí atrapó mi atención. Eso sí: Pattinson no sirve ni como vampiro ni como nada.
Dos personajes urbanos, atormentados por las crueldades del pasado, se unen en una relación romántica bajo una tan típica como banal causa de una comedia americana promedio: una apuesta.
El protagonista es un rebelde sin causa que con 21 años sabe que, a pesar de su gusto por la vida sin reglas, tiene alguien por detrás que lo protege y libera de la cárcel cada vez que le provoca pasar una noche tras las rejas porque, aunque esté separado de su padre -el arquetipo clásico de hombre egoísta, dedicado a los negocios y que no cumple con su rol familiar- es un comodín que siempre hace las veces de red de salvación en su vida atormentada.
Por otro lado, Emilie de Ravin le da vida a una joven, huérfana de madre, con deseos de superación, que vive bajo el cuidado de su padre. Cae en las redes del hombre atormentado y comienzan una relación que, como en toda película adolescente, en principio es falsa hasta que el protagonista termina por enamorarse.
La historia cuenta con un final interesante, quizás un poco forzado, pero atractivo por convertirse en algo inesperado. Son los últimos minutos que captan la atención completa cuando ya la trama está en declive.Sin embargo, en líneas generales el guión, a pesar de estar bien trabajado, no logra salir de los clichés y deja varias lagunas a medida que avanza el tiempo. Vale acotar que el encargado de esto es Will Fetters, quien además se está estrenando en la escritura cinematográfica.
A pesar de las mil situaciones desgraciadas que viven todos los personajes de la historia, al llegar los créditos queda un sabor a esperanza, a que las cosas pueden mejorar a pesar de que el mundo esté viviendo una era descabellada donde nadie está seguro, párese donde se pare.
Bien por Pierce Brosnan, actor que admito que nunca me ha convencido. Por otro lado, mérito a quien lo merece: el vampiro Pattinson está buscando desligarse de Twilight y puede estar lográndolo, quizás no como actor, pero sí como figura dentro del cine. No brilló, pero sí hizo acto de presencia.
RFC
Hermano: sal de ese barrio

La película llega incorrectamente justificada a un país que carece profundamente de temáticas o ideas nuevas. Esto me hace pensar, ¿son los cineastas los que no quieren ir más allá, o es la consecuencia de toda una sociedad conformista que se mantiene al margen de lo que ya es conocido?
Hermano busca de manera forzosa no caer en ese montón establecido que ya ha sido criticado eternamente. Utiliza el fútbol – un tema en boga por el caso Mundial – para transmitir más de lo mismo, lo que ya todos conocemos y estamos cansados de ver.
Cada proyecto que se estrena en Venezuela entra en una especie de competencia para destronar al anterior. Todas tratan lo mismo, y con una mínima estética diferente buscan convertirse en la mejor del género, uno que ya está acabado, sin ideas y sin novedades que hagan el intento de resucitarlo.
El Caracas FC viene siendo el sueño en búsqueda para escapar de un mundo en decadencia, ese en el que viven todos los protagonistas que hemos conocido a lo largo de la historia, donde quien domina es la droga, la violencia, la venganza, las balas perdidas, la muerte inocente, el deseo autoritario y la falta de superación personal.
Con esto no me refiero a que la idea sea mala, de hecho, la película responde a una estructura bien formada, ¿pero hasta qué punto el espectador quiere seguir viendo el conocido cuento, el final predecible y el mundo imperfecto en el que vive? Todo tiene su límite.
La historia en sí cuenta con giros dramáticos interesantes que llega a acaparar la atención en determinados momentos, pero el problema aquí quizás reside en un guión incompleto, marcado por frases de autoayuda, con clichés rebuscados y discursos alentadores que caen en la falsedad sobreactuada por parte de los intérpretes.
Usar actores desconocidos, que jamás se hayan parado frente a una cámara tiene sus pro y sus contra, y me voy más por los pro, porque los contra pueden mejorarse con los meses de pre producción. Y esto me lo demostró el personaje de Julio, el único por encimita que no se deja llevar por la sobreactuación y las líneas de laboratorio preestablecidas.
El mensaje final se quiere mostrar con facilidad, sí, se puede salir del barrio, pero ¿hasta que punto el drama violento y vengativo puede nublar los deseos de sueño y superación? ¿hasta dónde es capaz de llegar una persona para salvar a otra de lo inevitable?
Los invito a verla y a debatirla, pero eso si, con criterio. No siempre tenemos que apoyar todo lo que se hace en casa únicamente porque esté hecho en casa. En este caso, yo le doy mi visto bueno, es una película interesante que llegó tarde, el tren del género la dejó en la estación, y aquí llega, arrastrada, unos años después.
RFC
A distancia de la comedia

Una película con Drew Barrymore, en principio, siempre me hace pensar positivo. No siempre se acierta.
Con tiempo, y después de pasar por una abarrotada feria del Tolón, llegamos al cine. Una sala a medio llenar –y sin cotufas en mano por la amenazante cola que siempre se forma allí-, elegimos puestos en las filas de arriba para esperar el comienzo.
¿Cuáles son tus expectativas de la película? Le pregunta una periodista de Televen, micrófono en mano, a una pareja sentada a pocos puestos del mío. Él contesta. Cualquier cosa. ¿Quieres comentar algo? Me dice la periodista. Con gesto educado, acompañado con un gracias, le hice saber que no estaba interesado.
La sala se llenó. Going the Distance (Amor a Distancia) comenzó. Ciertos desenfoques, un sonido que iba y venía – nada a lo que no estemos acostumbrados ya- y ciertas risas iluminaron por hora y algo de película.
Conocemos del todo al género comedia romántica: tenemos años viéndolo y prácticamente ya sabemos de qué va la cosa cuando vemos los cinco primeros minutos de una película de este estilo. Caso aparte para 500 Days of Summer, que se aleja de la fórmula clásica de este género, al viajar muy por encima de toda la cotidianidad rutinaria de la comedia hollywoodiense.
Debo decir que comienza bien. La primera escena me dice que Justin Long va a hacer un papel igual al de siempre, pero que el guión da pie para que se presenten situaciones interesantes. Esa idea no duró más de cuatro minutos. “Es una comedia romántica”, me dije, pero la palabra comedia le quedó grande, a pesar de que en pantalla estaban dos grandes como Long y Barrymore.
La dirección y el guión dejan mucho que desear, no logran entrelazar las ideas y así se hace imposible generar situaciones. Es la misma fórmula acostumbrada, con chistes repetidos y una sobrecarga de contenido sexual –casi del todo verbal y no visual- que hacen que la historia caiga en lo ridículo. Esto, acompañado de clichés más que vistos: los compañeros bobos y el roomate que no distingue lo que es la privacidad.
El dicho “amor de lejos, amor de pendejos” termina siendo completamente opacado en esta historia, aunque como las situaciones nunca llegan a generarse, no puedo afirmarlo con seguridad.
Un mal uso de la herramienta 2.0, en este caso los SMS, así como las referencias en el guión a películas de la talla de The Shawshank Redemption (Sueños de Fuga) o Top Gun, son completamente fallidos en el guión, y dan fe de la debilidad de quienes están por detrás del proyecto, que a distancia –tal como el mismo título lo demuestra y explica, sin tener que verla- no es la mejor opción de finales del verano.
Es, sin duda alguna, un desperdicio de actores que conocen la comedia de arriba abajo y que pueden manejarla a su propia manera. El problema siempre estuvo en que la comedia nunca apareció. Una pareja dispareja que es forzada a intentar compenetrarse en escena sin recursos. Una distancia que no solo existe entre las ciudades donde viven los protagonistas, sino que se hace notar en la dirección, el guión, la producción y para con los mismos espectadores.
Abierto nuevamente el foro, para quienes la amen o la odien. El debate está servido, escucho opiniones y nos vemos allá abajo en los comentarios.
RFC
Inception: origination, but no creativetion

Cuando uno ve un trailer que lo amarra a la silla y no le permite voltear la cabeza porque es tal la concentración ante lo que se está viendo: grandes expectativas se generan en nuestros pensamientos. Hasta llegamos a decir que Nolan se trae algo ingenioso digno de ser visto.
Llegamos al cine predispuestos a ver la obra de arte de su carrera, la que supondría la superación absoluta de Memento. Al final, el objetivo no se cumple, aunque la película queda, es buena, y tiene todo los boletos comprados para convertirse en un film de culto.
La comparación que se le ha venido haciendo con Matrix me parece un error, después de una hora de película, en que básicamente están ya hechas las explicaciones para entender lo que vendrá a continuación, salimos completamente de contexto en lo que se había visto en otras películas de este estilo, bien sea por la genialidad y la búsqueda de ir más allá a pesar de lo complejo del caso.
La película a pesar de tener sus lagunas, está bien escrita, y con sus altos y bajos te mantiene pendiente y compenetrado para no perder ningún detalle que pueda ser usado en contra para el entendimiento final de la historia.
Nolan, en cierto sentido, se limitó como director. Al tratarse de un mundo creado en sueños de determinada persona, el surrealismo debería ser la clave y el tratamiento digno y necesario para representar la capacidad que una mente puede llegar a alcanzar. No lo vi, salvo en dos distinguidas escenas, que por mucho podría afirmar que son las mejores de toda la cinta. Fue más necesaria la crítica y parodia del hundimiento del mundo empresarial con planos generales que denotan un sueño corporativo apocalíptico, que esa nota surreal que compone el subconsciente cuando hace de las suyas.
La falta de creatividad se hace notar enormemente ante los repetitivos ambientes citadinos, que en nada se relacionan a los sueños que acostumbramos a tener. La posibilidad de retorcer la realidad a la máxima expresión, y de poder crear mundos alternos en pro de nuestro bienestar, no se ven reflejados en la película. Una playa es el ambiente más ajeno al mundo corporativo que se observa, a pesar de que en la orilla ya comienzan a verse los edificios.
Hay determinados momentos en que uno se pierde –a pesar de que se involucra y sigue la historia con detenimiento- por los cambios contradictorios que salen a flote en la superficie. Primero entendemos que al morir en el sueño uno regresa a la realidad –o lo que entendemos algunos, según la película, por realidad- y de un momento a otro nos dicen “no, ya va, es que si estás en el sueño del sueño de su sueño, si te mueres, pasas a un limbo”. Claro así si, y como estás tres sueños por debajo, entonces lo que ocurre en el último que sería en 60 minutos, son sólo 10 segundos para quienes están dos más arriba, en ese caso, el primer sueño. Claro, es sencillo.
No aparece un Leonardo DiCaprio haciendo de las suyas en el tema actoral. Es un personaje que ya vimos en Shutter Island, el ya conocido deprimido, atormentado y cansado ser que busca escapar, en este caso, a través de sueños, de una cruda realidad. Por otro lado, Joseph Gordon-Levitt, quien según se dice por ahí veremos haciendo del Acertijo en la próxima Batman de Nolan, es frío, sin expresión alguna. En cuanto a Cillian Murphy, es preferible ver Peacock para captar sus poderes actorales, y Ellen Page, la mejorcita del grupo, que sigue en el camino de estrella en aumento, intentando a toda costa superar su trabajo en Juno.
Los invito a verla, a comentarla por acá y a sacar sus propias conclusiones. Unos la amarán y dirán que sin lugar a dudas es la obra maestra de Nolan por encima de Memento y The Dark Knight, otros la odiarán, pero de lo que si estamos completamente seguros, es que se va a convertir – lo queramos o no - en la película del 2010.
RFC
Eclipse de Ideas

Después de haber visto las dos primeras películas, no logro entender como estos vampiros de segunda han logrado causar tanto furor en el mundo. En esta tercera entrega se repite lo mismo, una historia de amor adolescente donde por más de dos horas no ocurre absolutamente nada, salvo una batalla fantástica donde los buenos salen airosos.
Un guión repleto de cursilería y frases clichés sobre el amor eterno que puede dejar dormido a más de uno. El eclipse termina eclipsándonos por completo al punto de querer llegar a la casa para acostarse a dormir y no tener que pensar en lo débil que está la agenda cinematográfica por estos meses.
Las actuaciones han mejorado con respecto a dos películas atrás. No con esto digo que ya son merecedores de entrar en el salón de la fama, pero con unos cursitos más lograran acaparar la atención, caso especial al lobito, quien en unos años podrá hacer uso de su voz y expresiones en vez de un cuerpo sin ropa.
¿Qué pensará nuestro amigo el Conde o Nosferatu de este recién llegado Edward Cullen?
El momento de choque de opiniones entre los dos eternos enamorados entra en acción porque Bella está madurando, y como toda adolescente con hormonas activas, quiere pasar la relación a otro extremo. El chupa sangre –que a dieta pareciera estar- se autocensura al punto de enseñar la moraleja religiosa y de buenas costumbre –de la cual los padres estarían orgullosos- y aguantar el deseo carnal hasta el matrimonio; cortando así la nota a todos aquellos que de alguna manera esperaban ver acción en la trama. Habrá que esperar y volver a pagar para romper el tabú y la caballerosidad de los siglos pasados.
Un uso exagerado de planos generales que sirven de postales para entrelazar una escena de otra, tal cual documental de los paisajes de Oregon. Esto unido a las escenas largas y el mal uso de los silencios prolongados, convierten la película en una obligación tediosa para el espectador.
Los suspiros, risas y sonidos cualesquiera de las adolescentes se escucharán en la sala como parte integrada ya de la saga. Es normal, no se me asusten, que ese es uno de los efectos que causa esta película, así como experimento a modo de estudio sin entendimiento alguno.
Todavía queda una más, habrá que esperar para conocer el desenlace final de esta saga, aunque mi consejo sería cancelarla y dejar de dañar la imagen de estos antiguos personajes.
Saquen ustedes sus propias conclusiones, ya esto se está acabando –si es que no se acabo al empezar-. A los demás, los invito a ver True Blood, y resucitar así a los hijos de Drácula.
RFC
Un villano no tan favorito

En medio de un verano atiborrado de películas animadas y de vampiros, donde no hay demasiadas opciones en cartelera – a excepción del Festival de Cine Internacional-, NBC no se podía quedar atrás, y se lanzó con todo –o al menos con algo- a competir con las grandes Toy Story 3 y Shrek. La invitación, originalmente, incluía ponerse los lentecitos y pasar una mañana viendo imágenes en 3D, pero los fallos tecnológicos nos lo impidieron – algo que en mi caso fue beneficioso, pues tengo mis diferencias con el formato- y terminamos sintiéndonos como en la vieja escuela. Así apreciamos al villano favorito – que no tanto – en 2D.
La película comenzó bien. Un villano oscuro, amargado, montuno y desadaptado convence. Pero en el momento en que abre la boca y dice su primera palabra, la imagen se cae por completo, a pedazos, estrepitosamente. Una vocecita de mafioso ruso rebuscada y exagerada, que a ratos ni se entiende, hace que el personaje se nos antoje ridículo.
Tres niñas huérfanas vienen a hacer las veces de antagonistas en la historia: prácticamente las únicas cuerdas de todo el asunto. Son ellas las que h
acen cambiar la vida del personaje principal, en una historia que se apropia inmediatamente del clásico cliché moralista ya conocido por todos en el cine. Más de lo mismo, con la diferencia de que en este caso involucramos el robo de la luna.
La historia es pobre y carece de continuidad, y llega a forzar la inclusión de escenas que no concuerdan directamente con el curso de los acontecimientos. Parecen colocadas para captar la atención del espectador y sacarle una risa forzada, con segmentos de comedia boba al propio estilo de una Scary Movie.
Grandes lagunas dejan los guionistas al momento de rematar la historia con lo que ya el espectador conoce desde que se sienta en la butaca. No sorprende, no impresiona, no causa conmoción alguna. Algunos lograrán sacar a flote los sentimientos encontrados. Pero definitivamente si alguien deja unas lagrimitas por ahí es porque tiene que arreglar su vida, y un psicólogo -y no precisamente la sala del cine- es mi mejor consejo para estos casos.
Una absurda lucha entre villanos bonachones se desata por ver quién comete el crimen del siglo. Las niñas intervienen ayudando, inocentemente y sin saberlo, al personaje principal. Es a partir de ahí que comienza el desenvolverse de la tristemente clásica -en tanto conservadora- moralina sobre la familia, los amigos y la amistad.
Salvo a los personajes amarillos que forman una comuna hippie debajo de la casa del villano (al estilo de los “Troglos” de Delicatessen, o de aquellos primos lejanos de los Muppets que se dejaban ver en Fraggle Rock). Son ellos los que le dan vida a la historia, echando una mano en los distintos planes del protagonista. Causan los pocos momentos de gracia aislados de la rutina.
Una mención aparte merece la parodia de Lehman Brothers convertida en Banco de Villanos.Es justo el momento en el que uno cree que la película tomará un color y ritmo abiertamente burlescos, pero no termina siendo así. Decepción al final.
Vale verla, es para los pequeños de la casa, y es una fácil –pero no positiva- escapatoria al boom vampiresco de amor adolescente que está desatado en el mundo entero. Ojo: quizás yo sea un amargado, porque las señoras de la fila de adelante gozaron un mundo.
Salud y hasta la próxima.
RFC
No Sex and No City

Desde hace días las mujeres están en vilo con la llegada de Sex and the City 2 al cine. Yo confieso a viva voz que no sé absolutamente nada del tema, jamás he visto un solo capítulo de la serie y hasta hace pocos días recordaba a Sarah Jessica Parker como la bruja de aquella película Hocus Pocus, y no como Carrie la escritora.
La película es un tratado de autoayuda en pro de un modo de superación femenina artificioso y alienante, levantado sobre las bases surreales que hoy mantienen las noches caraqueñas, convirtiendo esta capital en una especie de Ciudad Glam, donde lo chic, lo fashion, lo Titita Penzini, el pseudo emprendedurismo y la falsa moda alternativa tienen a las mujeres – y a los hombres también ¿por qué no?- de cabeza buscando de cualquier manera “cuadrar” en esta vorágine.
Digo autoayuda porque la película es explícitamente clasista. Toda mujer querrá tener un mayordomo caminando junto a ella con un paraguas que la cubra del sol en las playas de Abu Dhabi, para luego darse un masaje en el exótico hotel donde el sexo, tácito protagonista, está prohibido.
Una boda gay judía ocupa -y opaca- los primeros 20 minutos de la cinta, con la aparición forzada de Liza Minnelli haciendo las veces de rabino y un escenario American Idol en gala terminan ridiculizando al máximo el tema homosexual. Más que una defensa o una apología termina siendo una burla. Luego nos espera una exposición de vestidos de más de dos horas, al punto en que las protagonistas se visten de gala para ver una película –en blanco y negro- en casa. No sabía que era más cómodo cocinar, leer o dormir en ropa de matrimonio. Debe ser una manera inteligente de vender los diseños de verano, a través de una película que tiene un éxito de taquilla asegurado por su tradición y representación. Me voy por esa opción.
La historia va de cliché en cliché. La falta de guión quizás se disimula por los zapatos de los personajes o el rebote continuo de la niñera, pero no hay una historia clara. Es un remate forzado para vender más de lo mismo, una comedia donde lo cómico queda por fuera, salvo esos chistes femeninos donde uno pone cara de “ok, las mujeres son de otro planeta”.
Cada vez que un hombre aparecía en pantalla o se hacía un primer plano de algún par de zapatos, las cuarentonas gritaban y suspiraban con emoción, reviviendo aquellos años que están precisamente viviendo las seguidoras de Twilight cuando aparece el vampiro sin camisa o brillando bajo el sol.
El resultado es pobre: una película que no nos regala nada y nos quita tiempo, ofrece falsas esperanzas, y muestra más de lo mismo a lo que ya estamos acostumbrados. La tan peligrosa y nada esperada menopausia para Sex and the City llegó y no hay cremas ni pastillas que se la lleven.
RFC