lunes, 25 de octubre de 2010

El diablo tiene cara de éxito independiente


Fuimos a ver Las Caras del Diablo con prejuicios ya marcados. Las películas venezolanas este año – a mi humilde opinión – no han dado la talla, a pesar de las mil discusiones que he tenido con la gente sobre Subhysteria y Hermano. Unos vinos blancos, tintos y jamón serrano hicieron que la calurosa espera en el Tolón no fuera tan grave.

Se trata de un proyecto que no cuenta con capital. Una camioneta puede llegar a costar más de lo que costó hacer esta película, sin embargo, raspando la olla, lograron hacerla demostrando que se pueden hacer cintas independientes, con bajos costos y buenas ideas.

Criticaba en otras oportunidades las películas monotemáticas que se hacían en el país. Con orgullo puedo decir que Las Caras del Diablo escapa completamente de la fórmula nacional donde el barrio y las drogas son la clave del éxito, y la única fuente de cultura que ofrecen las calles de este país.

El tráfico de menores viene siendo el tema principal para después mostrarnos problemas cotidianos que todos conocemos ya por ser continuas víctimas del caos social y familiar, o la corrupción en el sistema que, si bien son protagonistas claves en Venezuela, están presentes en cualquier parte del mundo.

Tiene sus influencias y rasgos característicos en películas como Taken o Man on Fire, pero en este caso es Jean Paul Leroux el héroe incomprendido que ha tenido bajones en su trabajo a causas de fantasmas sin resolver del pasado, y que buscará la justicia a toda costa, haciendo pagar a quien tiene que pagar.

El guión establece esta crítica al sistema y a la viveza nacional de una perfecta manera. No cae en ningún momento en la exageración de las situaciones como ya nos tienen acostumbrados las películas hechas en casa cuando llevan al extremo este recurso.

La estética sigue los lineamientos del cine guerrilla, con un tratamiento fresco pero muy orientado a los días de Archivo Criminal, al punto que puede llegar a ser tedioso. De igual manera el sonido, en determinados momentos, imposibilita entender con facilidad los diálogos de los personajes, y la musicalización llega a descontextualizar la historia; son detalles de post producción, que demuestran la independencia del proyecto.

Las actuaciones son un problema en todas las películas que se hacen aquí. Esas interpretaciones novelescas y teatreras se alejan completamente de la realidad al punto de no convencer en muchas escenas, y de recrear momentos exagerados donde no tienen que serlo. Clase aparte para Leroux, quien nuevamente demuestra que es uno de los actores de cine más creíbles en Venezuela.

Es una película interesante, con un tema fuerte que no pierde vigencia y que merece ser vista y reconocida. Buena propuesta para el fin de semana, y una muestra más de que el cine independiente sigue cogiendo ritmo. Abierto allá abajo el debate. Véanla y nos vemos en los comentarios.

RFC

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