miércoles, 27 de octubre de 2010

Machete a Arizona


“Machete is the boss”

Robert Rodríguez ya había dado las invitaciones para esta fiesta sanguinaria y absurda, cuando mostró el falso trailer de un proyecto que tiene vida desde 1993 en Grindhouse, aquella dupla que hizo con su amigo y maestro Tarantino.

En Machete, Rodríguez logra unir todos los fetiches que no ha logrado hacer en otros proyectos, recurre en todo momento a la violencia extrema, y desde el comienzo nos dice que la censura no tiene cabida en la historia.

Es una película cómica, seria, extravagante, egoísta y errante; y eso es lo que la hace tener sentido. Peca por completo al carecer de un guión lógico – algo que ya es costumbre en el curriculum de Rodríguez-, tratando de crear personajes a lo Tarantino, que se quedan cortos ante la clara falla en el guión.

Lo interesante de esta cinta es que con todo y sus errores logra una perfección a su propio estilo, mantiene su personalidad creando una naturaleza egoísta donde la exageración y Danny Trejo son protagonistas. Es un gore caricaturesco para mostrar que el sexo y la sangre es gratis en ese mundo. Trejo saltando de una ventana con los intestinos de un pistolero es una escena épica.

Machete tiene una plataforma seria por detrás. Es el disgusto del director ante la ley de inmigrantes de Arizona. Es una crítica salvaje, políticamente incorrecta al desastre inmigratorio que hay montado en la frontera, donde la xenofobia parece estar controlando todo. La historia va contra los policías corruptos, el político propagandista dispuesto a todo, los hombres de negocios ilegales, unidos en un torbellino descabellado.

Danny Trejo es por encima quien opaca al resto del cast de grandes nombres. Robert De Niro, quien con una larga y seria carrera aparece en este proyecto burlándose de lo convencional, demostrando así que no todo depende de las garras de Hollywood y el éxito asegurado.

Por otro lado hay personajes como Steven Seagal que aparece la mayor parte del tiempo detrás de una computadora en una especie de videocall o Lindsay Lohan que no hace más que tener escenas de desnudo donde es sustituida por una doble. Jessica Alba aparece como siempre sin expresión alguna, y Michelle Rodríguez aparece fuerte en su personaje, salvando quizás el casting femenino.

Al final, Machete viene a rescatar un cine que estaba olvidado y poco valorado, un cine independiente de bajo costo con olor y estética grindhouse. Una pieza inolvidable para quienes la saben apreciar. Es el viva a un nuevo héroe sanguinario que busca justicia en la frontera y que es capaz de convertir cualquier objeto en un arma letal para acabar con la corrupción y xenofobia.

Larga vida a Machete.

RFC

lunes, 25 de octubre de 2010

La Hora Cero: una parodia a la venezolana


Primero quiero apuntar que no todo lo hecho en casa tiene que ser bueno, sólo por el hecho de ser venezolano. Tiene que haber espacio para la discusión y la crítica, que son las que favorecen el desarrollo y la evolución de cualquier institución. En este caso, el cine.

Cuando se acabó La Hora Cero me quedé pensando, lidiando con una serie de pensamientos y sentimientos encontrados. No pude menos que preocuparme por el hecho de que, actualmente, nos estemos riendo tan fácilmente de nuestra propia desgracia.

Quizás Velasco no coincida conmigo, pero tengo la impresión de que la película es una crítica, a ratos exagerada, a nuestra cultura, nuestro actuar. En fin, a nuestra situación y sus absurdos. A esta contemporaneidad venezolana que, por compleja, por momentos impide entender el momento histórico que vivimos y, por consiguiente, lo que puede estar por venir.

La Hora Cero, en principio, parece colocarnos en un lugar interesante para pensar, para luego comenzar a repartir culpas a diestra y siniestra. En la trama, todo el mundo es culpable de algo. Si algo nos ha enseñado el cine independiente norteamericano es que, al final del día, nadie está del todo libre de culpa. Venezuela no es la excepción: el malandro del barrio es tan culpable como el malandro de paltó y corbata coleado en la política. Esa es parte constitutiva de nuestra verdad, de nuestra historia, y la película, precisamente, abre el espacio para pensar en esos términos. Sin embargo, como bien dijo mi amigo Carlos Peláez, el público en las salas parece estar más pendiente de reír a carcajadas con cada grosería que se dice.

A pesar de lo que se escucha en la calle, esta no es una película cómica. Deriva de la escuela de Tarantino, de Guy Ritchie, pero en ningún momento los alcanza. Tiene mucho de humor barato, sencillo, evidente, que procura ser crítico sin llegar a oscurecerse. No logra ser reflexivo porque peca de superficial, de reiterativo. Una sobrecarga de chistes predisponen al espectador a reirse casi automáticamente, opacando lo que, aparentemente, es en el fondo el verdadero mensaje de la película. Sin comentarios la versión malandra del éxito del Puma.

La crítica a los medios de comunicación, hecha evidente en la aparente parodia al programa 3 para las 9 es clave en la historia. Allí se genera la atmósfera de sospecha, de manipulación, de tensión del poder que se crea en la pantalla chica. Es el retrato de una inclemente competencia, búsqueda y forja de la noticia, de la creación de personajes a los que se lleva a la cima para luego dejarlos mal parados en cuestión de segundos. Es la mano mediática (privada o pública), tantas veces vista detrás de la manipulación de la opinión de la ciudadanía.

Por otro lado, se asoman los intereses detrás del poder. El político barato que se hace eco de una problemática colectiva únicamente cuando hay una necesidad personal. La corrupción sin tapujos. Es una critica lógica. Sí, eso ocurre en Venezuela. Ocurre en el resto del mundo. Sin embargo, hay otras maneras menos predecibles de resolver la trama, y darle un mejor giro dramático, si la idea es no caer en lo lineal.

Ya basta de enaltecer la figura del asesino. Vivimos en un país en el que la inseguridad es protagonista, y el cine venezolano parece estar empeñado en vendernos la idea de que el hombre armado, disfrazado de Robin Hood, es chévere, es lo que nos da risa, es quien nos divierte, y a quien debemos constantemente comprender y recomprender, porque el malandro no nació malandro, porque tuvo una infancia problemática y porque al final de sus días quiere rectificar. Ojo con eso. Es una problemática social que tampoco es tan sencilla. Reducirlo al argumento freudiano de la infancia compleja no es, hoy en día, una tesis del todo plausible.

Es preciso comenzar a desligarse de los clichés. Los estereotipos presentados a ratos rayan en lo absurdo. La miss homosexual que se opera los senos, el camarógrafo marihuanero, la reportera que levanta para conseguir la entrevista. Clichés que si bien obedecen a pesonajes que podríamos reconocer como típicamente venezolanos, no ayudan a construir personajes menos unidimensionales.

Si bien la temática es la misma a la que estamos acostumbrados a ver en el cine nacional, La Hora Cero representa un paso más adelante, cinematográficamente hablando. Hay un claro esfuerzo en la dirección, logrando la atención del espectador con interesantes tomas de acción poco vistas en casa. Las actuaciones tienen sus bajones: la de los malandros salva la interpretación novelesca y alejada del cine creíble que presentan Marisa Román y su combo de televisión.

No se justifica la respuesta automática que reza que “es que esta es nuestra realidad”. La realidad venezolana no es únicamente la del barrio, el criminal y la violencia. Hay otros aspectos en la vida del venezolano que pueden ser retratados en una película. Ya se está haciendo tedioso ir a ver siempre lo mismo. La historia la conocemos.

La película no es mala, pero los invito a reflexionarla. Rían si les parece pertinente (no soy un verdugo de la comedia liberal), pero piénsenla después. Allá abajo los comentarios y a debatir.

RFC

El renacimiento de Predators


Esperar una secuela de Predators es peligrosa. Después de haber visto la especie de Mortal Kombat que crearon para que Alien se disputara con los Depredadores, el reinado de los extraterrestres más malos del universo en Alien Vs Predator, cualquier cosa se puede esperar. Ahora, uno espera que con Robert Rodríguez detrás del proyecto, la idea pueda funcionar de alguna manera. De hecho funcionó.

Desde el comienzo ya se notaba la incertidumbre y la mano de Rodríguez recordando cintas de terror de antaño. Un grupo conformado por personas de las organizaciones más criminales de la sociedad mundial: la mafia, el ejército americano, la guerrilla, la yakuzza: Todos encerrados en una selva desconocida, tal cual perdidos en Lost. Una especie de purgatorio que sirve de escenario para la cacería deportiva de extraterrestres.

Un reparto digno, con Adrien Brody a la cabeza, recordando al tipo duro que alguna vez interpretó Arnold Schwarzenegger, Alice Braga, haciendo del cliché personaje femenino indispensable en una cinta de acción de este tipo. Danny Trejo que va convirtiéndose poco a poco en uno de los consentidos de Rodríguez y una breve aparición de Laurence Fishburne que marca la mejor interpretación de toda la película.

La trama revive a su manera la película de John McTiernan de 1994. En determinadas escenas pareciera estarse viendo esa cinta, o al menos recordarla. La figura de los Depredadores ha variado con el paso del tiempo, se ven más preparados, trajes nuevos, aunque en la escena final uno de ellos se coloca el mismo casco que usaban en la original, y de esta manera se logra marcar la diferencia.

Planos y secuencias que perfectamente denotan el suspenso esperado. Un tratamiento en la fotografía clave que ubica al espectador en esa condición de selva amenazante y desconocida.

Un guión inteligente aunque cargado de clichés nos remonta a la disputa ya conocida entre humanos y alienígenas, en este caso en formato de cacería animal con enigmas por resolver al propio estilo de un parque jurásico. Esos enigmas no terminan de resolverse nunca, pero se entiende el propósito de dejar a un lado las explicaciones aburridas y mostrar la acción en todo momento. Una vez más el amigo de Tarantino demuestra que Hollywood está para deshacer y construir nuevamente saltándose las fórmulas y cánones del éxito.

La serie termina siendo salvada, quizás no con aires de grandeza pero si con una gran aceptación y superación. Se hizo lo que se tenía que hacer, y el personaje que estaba prácticamente ya acabado y en el olvido, renace y entretiene nuevamente en la gran pantalla.

RFC

El diablo tiene cara de éxito independiente


Fuimos a ver Las Caras del Diablo con prejuicios ya marcados. Las películas venezolanas este año – a mi humilde opinión – no han dado la talla, a pesar de las mil discusiones que he tenido con la gente sobre Subhysteria y Hermano. Unos vinos blancos, tintos y jamón serrano hicieron que la calurosa espera en el Tolón no fuera tan grave.

Se trata de un proyecto que no cuenta con capital. Una camioneta puede llegar a costar más de lo que costó hacer esta película, sin embargo, raspando la olla, lograron hacerla demostrando que se pueden hacer cintas independientes, con bajos costos y buenas ideas.

Criticaba en otras oportunidades las películas monotemáticas que se hacían en el país. Con orgullo puedo decir que Las Caras del Diablo escapa completamente de la fórmula nacional donde el barrio y las drogas son la clave del éxito, y la única fuente de cultura que ofrecen las calles de este país.

El tráfico de menores viene siendo el tema principal para después mostrarnos problemas cotidianos que todos conocemos ya por ser continuas víctimas del caos social y familiar, o la corrupción en el sistema que, si bien son protagonistas claves en Venezuela, están presentes en cualquier parte del mundo.

Tiene sus influencias y rasgos característicos en películas como Taken o Man on Fire, pero en este caso es Jean Paul Leroux el héroe incomprendido que ha tenido bajones en su trabajo a causas de fantasmas sin resolver del pasado, y que buscará la justicia a toda costa, haciendo pagar a quien tiene que pagar.

El guión establece esta crítica al sistema y a la viveza nacional de una perfecta manera. No cae en ningún momento en la exageración de las situaciones como ya nos tienen acostumbrados las películas hechas en casa cuando llevan al extremo este recurso.

La estética sigue los lineamientos del cine guerrilla, con un tratamiento fresco pero muy orientado a los días de Archivo Criminal, al punto que puede llegar a ser tedioso. De igual manera el sonido, en determinados momentos, imposibilita entender con facilidad los diálogos de los personajes, y la musicalización llega a descontextualizar la historia; son detalles de post producción, que demuestran la independencia del proyecto.

Las actuaciones son un problema en todas las películas que se hacen aquí. Esas interpretaciones novelescas y teatreras se alejan completamente de la realidad al punto de no convencer en muchas escenas, y de recrear momentos exagerados donde no tienen que serlo. Clase aparte para Leroux, quien nuevamente demuestra que es uno de los actores de cine más creíbles en Venezuela.

Es una película interesante, con un tema fuerte que no pierde vigencia y que merece ser vista y reconocida. Buena propuesta para el fin de semana, y una muestra más de que el cine independiente sigue cogiendo ritmo. Abierto allá abajo el debate. Véanla y nos vemos en los comentarios.

RFC

Remember Me: con un vampiro que no brilla


Confieso que tenía mis dudas con esta película sólo por ser protagonizada por Robert Pattinson. Al final me dejó un sabor agradable: una historia interesante que quizás no fue perfectamente contada pero que sí atrapó mi atención. Eso sí: Pattinson no sirve ni como vampiro ni como nada.

Dos personajes urbanos, atormentados por las crueldades del pasado, se unen en una relación romántica bajo una tan típica como banal causa de una comedia americana promedio: una apuesta.

El protagonista es un rebelde sin causa que con 21 años sabe que, a pesar de su gusto por la vida sin reglas, tiene alguien por detrás que lo protege y libera de la cárcel cada vez que le provoca pasar una noche tras las rejas porque, aunque esté separado de su padre -el arquetipo clásico de hombre egoísta, dedicado a los negocios y que no cumple con su rol familiar- es un comodín que siempre hace las veces de red de salvación en su vida atormentada.

Por otro lado, Emilie de Ravin le da vida a una joven, huérfana de madre, con deseos de superación, que vive bajo el cuidado de su padre. Cae en las redes del hombre atormentado y comienzan una relación que, como en toda película adolescente, en principio es falsa hasta que el protagonista termina por enamorarse.

La historia cuenta con un final interesante, quizás un poco forzado, pero atractivo por convertirse en algo inesperado. Son los últimos minutos que captan la atención completa cuando ya la trama está en declive.Sin embargo, en líneas generales el guión, a pesar de estar bien trabajado, no logra salir de los clichés y deja varias lagunas a medida que avanza el tiempo. Vale acotar que el encargado de esto es Will Fetters, quien además se está estrenando en la escritura cinematográfica.

A pesar de las mil situaciones desgraciadas que viven todos los personajes de la historia, al llegar los créditos queda un sabor a esperanza, a que las cosas pueden mejorar a pesar de que el mundo esté viviendo una era descabellada donde nadie está seguro, párese donde se pare.

Bien por Pierce Brosnan, actor que admito que nunca me ha convencido. Por otro lado, mérito a quien lo merece: el vampiro Pattinson está buscando desligarse de Twilight y puede estar lográndolo, quizás no como actor, pero sí como figura dentro del cine. No brilló, pero sí hizo acto de presencia.

RFC

Hermano: sal de ese barrio


La película llega incorrectamente justificada a un país que carece profundamente de temáticas o ideas nuevas. Esto me hace pensar, ¿son los cineastas los que no quieren ir más allá, o es la consecuencia de toda una sociedad conformista que se mantiene al margen de lo que ya es conocido?

Hermano busca de manera forzosa no caer en ese montón establecido que ya ha sido criticado eternamente. Utiliza el fútbol – un tema en boga por el caso Mundial – para transmitir más de lo mismo, lo que ya todos conocemos y estamos cansados de ver.

Cada proyecto que se estrena en Venezuela entra en una especie de competencia para destronar al anterior. Todas tratan lo mismo, y con una mínima estética diferente buscan convertirse en la mejor del género, uno que ya está acabado, sin ideas y sin novedades que hagan el intento de resucitarlo.

El Caracas FC viene siendo el sueño en búsqueda para escapar de un mundo en decadencia, ese en el que viven todos los protagonistas que hemos conocido a lo largo de la historia, donde quien domina es la droga, la violencia, la venganza, las balas perdidas, la muerte inocente, el deseo autoritario y la falta de superación personal.

Con esto no me refiero a que la idea sea mala, de hecho, la película responde a una estructura bien formada, ¿pero hasta qué punto el espectador quiere seguir viendo el conocido cuento, el final predecible y el mundo imperfecto en el que vive? Todo tiene su límite.

La historia en sí cuenta con giros dramáticos interesantes que llega a acaparar la atención en determinados momentos, pero el problema aquí quizás reside en un guión incompleto, marcado por frases de autoayuda, con clichés rebuscados y discursos alentadores que caen en la falsedad sobreactuada por parte de los intérpretes.

Usar actores desconocidos, que jamás se hayan parado frente a una cámara tiene sus pro y sus contra, y me voy más por los pro, porque los contra pueden mejorarse con los meses de pre producción. Y esto me lo demostró el personaje de Julio, el único por encimita que no se deja llevar por la sobreactuación y las líneas de laboratorio preestablecidas.

El mensaje final se quiere mostrar con facilidad, sí, se puede salir del barrio, pero ¿hasta que punto el drama violento y vengativo puede nublar los deseos de sueño y superación? ¿hasta dónde es capaz de llegar una persona para salvar a otra de lo inevitable?

Los invito a verla y a debatirla, pero eso si, con criterio. No siempre tenemos que apoyar todo lo que se hace en casa únicamente porque esté hecho en casa. En este caso, yo le doy mi visto bueno, es una película interesante que llegó tarde, el tren del género la dejó en la estación, y aquí llega, arrastrada, unos años después.

RFC

A distancia de la comedia


Una película con Drew Barrymore, en principio, siempre me hace pensar positivo. No siempre se acierta.

Con tiempo, y después de pasar por una abarrotada feria del Tolón, llegamos al cine. Una sala a medio llenar –y sin cotufas en mano por la amenazante cola que siempre se forma allí-, elegimos puestos en las filas de arriba para esperar el comienzo.

¿Cuáles son tus expectativas de la película? Le pregunta una periodista de Televen, micrófono en mano, a una pareja sentada a pocos puestos del mío. Él contesta. Cualquier cosa. ¿Quieres comentar algo? Me dice la periodista. Con gesto educado, acompañado con un gracias, le hice saber que no estaba interesado.

La sala se llenó. Going the Distance (Amor a Distancia) comenzó. Ciertos desenfoques, un sonido que iba y venía – nada a lo que no estemos acostumbrados ya- y ciertas risas iluminaron por hora y algo de película.

Conocemos del todo al género comedia romántica: tenemos años viéndolo y prácticamente ya sabemos de qué va la cosa cuando vemos los cinco primeros minutos de una película de este estilo. Caso aparte para 500 Days of Summer, que se aleja de la fórmula clásica de este género, al viajar muy por encima de toda la cotidianidad rutinaria de la comedia hollywoodiense.

Debo decir que comienza bien. La primera escena me dice que Justin Long va a hacer un papel igual al de siempre, pero que el guión da pie para que se presenten situaciones interesantes. Esa idea no duró más de cuatro minutos. “Es una comedia romántica”, me dije, pero la palabra comedia le quedó grande, a pesar de que en pantalla estaban dos grandes como Long y Barrymore.

La dirección y el guión dejan mucho que desear, no logran entrelazar las ideas y así se hace imposible generar situaciones. Es la misma fórmula acostumbrada, con chistes repetidos y una sobrecarga de contenido sexual –casi del todo verbal y no visual- que hacen que la historia caiga en lo ridículo. Esto, acompañado de clichés más que vistos: los compañeros bobos y el roomate que no distingue lo que es la privacidad.

El dicho “amor de lejos, amor de pendejos” termina siendo completamente opacado en esta historia, aunque como las situaciones nunca llegan a generarse, no puedo afirmarlo con seguridad.

Un mal uso de la herramienta 2.0, en este caso los SMS, así como las referencias en el guión a películas de la talla de The Shawshank Redemption (Sueños de Fuga) o Top Gun, son completamente fallidos en el guión, y dan fe de la debilidad de quienes están por detrás del proyecto, que a distancia –tal como el mismo título lo demuestra y explica, sin tener que verla- no es la mejor opción de finales del verano.

Es, sin duda alguna, un desperdicio de actores que conocen la comedia de arriba abajo y que pueden manejarla a su propia manera. El problema siempre estuvo en que la comedia nunca apareció. Una pareja dispareja que es forzada a intentar compenetrarse en escena sin recursos. Una distancia que no solo existe entre las ciudades donde viven los protagonistas, sino que se hace notar en la dirección, el guión, la producción y para con los mismos espectadores.

Abierto nuevamente el foro, para quienes la amen o la odien. El debate está servido, escucho opiniones y nos vemos allá abajo en los comentarios.

RFC

Inception: origination, but no creativetion


Cuando uno ve un trailer que lo amarra a la silla y no le permite voltear la cabeza porque es tal la concentración ante lo que se está viendo: grandes expectativas se generan en nuestros pensamientos. Hasta llegamos a decir que Nolan se trae algo ingenioso digno de ser visto.

Llegamos al cine predispuestos a ver la obra de arte de su carrera, la que supondría la superación absoluta de Memento. Al final, el objetivo no se cumple, aunque la película queda, es buena, y tiene todo los boletos comprados para convertirse en un film de culto.

La comparación que se le ha venido haciendo con Matrix me parece un error, después de una hora de película, en que básicamente están ya hechas las explicaciones para entender lo que vendrá a continuación, salimos completamente de contexto en lo que se había visto en otras películas de este estilo, bien sea por la genialidad y la búsqueda de ir más allá a pesar de lo complejo del caso.

La película a pesar de tener sus lagunas, está bien escrita, y con sus altos y bajos te mantiene pendiente y compenetrado para no perder ningún detalle que pueda ser usado en contra para el entendimiento final de la historia.

Nolan, en cierto sentido, se limitó como director. Al tratarse de un mundo creado en sueños de determinada persona, el surrealismo debería ser la clave y el tratamiento digno y necesario para representar la capacidad que una mente puede llegar a alcanzar. No lo vi, salvo en dos distinguidas escenas, que por mucho podría afirmar que son las mejores de toda la cinta. Fue más necesaria la crítica y parodia del hundimiento del mundo empresarial con planos generales que denotan un sueño corporativo apocalíptico, que esa nota surreal que compone el subconsciente cuando hace de las suyas.

La falta de creatividad se hace notar enormemente ante los repetitivos ambientes citadinos, que en nada se relacionan a los sueños que acostumbramos a tener. La posibilidad de retorcer la realidad a la máxima expresión, y de poder crear mundos alternos en pro de nuestro bienestar, no se ven reflejados en la película. Una playa es el ambiente más ajeno al mundo corporativo que se observa, a pesar de que en la orilla ya comienzan a verse los edificios.

Hay determinados momentos en que uno se pierde –a pesar de que se involucra y sigue la historia con detenimiento- por los cambios contradictorios que salen a flote en la superficie. Primero entendemos que al morir en el sueño uno regresa a la realidad –o lo que entendemos algunos, según la película, por realidad- y de un momento a otro nos dicen “no, ya va, es que si estás en el sueño del sueño de su sueño, si te mueres, pasas a un limbo”. Claro así si, y como estás tres sueños por debajo, entonces lo que ocurre en el último que sería en 60 minutos, son sólo 10 segundos para quienes están dos más arriba, en ese caso, el primer sueño. Claro, es sencillo.

No aparece un Leonardo DiCaprio haciendo de las suyas en el tema actoral. Es un personaje que ya vimos en Shutter Island, el ya conocido deprimido, atormentado y cansado ser que busca escapar, en este caso, a través de sueños, de una cruda realidad. Por otro lado, Joseph Gordon-Levitt, quien según se dice por ahí veremos haciendo del Acertijo en la próxima Batman de Nolan, es frío, sin expresión alguna. En cuanto a Cillian Murphy, es preferible ver Peacock para captar sus poderes actorales, y Ellen Page, la mejorcita del grupo, que sigue en el camino de estrella en aumento, intentando a toda costa superar su trabajo en Juno.

Los invito a verla, a comentarla por acá y a sacar sus propias conclusiones. Unos la amarán y dirán que sin lugar a dudas es la obra maestra de Nolan por encima de Memento y The Dark Knight, otros la odiarán, pero de lo que si estamos completamente seguros, es que se va a convertir – lo queramos o no - en la película del 2010.

RFC

Eclipse de Ideas


Después de haber visto las dos primeras películas, no logro entender como estos vampiros de segunda han logrado causar tanto furor en el mundo. En esta tercera entrega se repite lo mismo, una historia de amor adolescente donde por más de dos horas no ocurre absolutamente nada, salvo una batalla fantástica donde los buenos salen airosos.

Un guión repleto de cursilería y frases clichés sobre el amor eterno que puede dejar dormido a más de uno. El eclipse termina eclipsándonos por completo al punto de querer llegar a la casa para acostarse a dormir y no tener que pensar en lo débil que está la agenda cinematográfica por estos meses.

Las actuaciones han mejorado con respecto a dos películas atrás. No con esto digo que ya son merecedores de entrar en el salón de la fama, pero con unos cursitos más lograran acaparar la atención, caso especial al lobito, quien en unos años podrá hacer uso de su voz y expresiones en vez de un cuerpo sin ropa.

¿Qué pensará nuestro amigo el Conde o Nosferatu de este recién llegado Edward Cullen?

El momento de choque de opiniones entre los dos eternos enamorados entra en acción porque Bella está madurando, y como toda adolescente con hormonas activas, quiere pasar la relación a otro extremo. El chupa sangre –que a dieta pareciera estar- se autocensura al punto de enseñar la moraleja religiosa y de buenas costumbre –de la cual los padres estarían orgullosos- y aguantar el deseo carnal hasta el matrimonio; cortando así la nota a todos aquellos que de alguna manera esperaban ver acción en la trama. Habrá que esperar y volver a pagar para romper el tabú y la caballerosidad de los siglos pasados.

Un uso exagerado de planos generales que sirven de postales para entrelazar una escena de otra, tal cual documental de los paisajes de Oregon. Esto unido a las escenas largas y el mal uso de los silencios prolongados, convierten la película en una obligación tediosa para el espectador.

Los suspiros, risas y sonidos cualesquiera de las adolescentes se escucharán en la sala como parte integrada ya de la saga. Es normal, no se me asusten, que ese es uno de los efectos que causa esta película, así como experimento a modo de estudio sin entendimiento alguno.

Todavía queda una más, habrá que esperar para conocer el desenlace final de esta saga, aunque mi consejo sería cancelarla y dejar de dañar la imagen de estos antiguos personajes.

Saquen ustedes sus propias conclusiones, ya esto se está acabando –si es que no se acabo al empezar-. A los demás, los invito a ver True Blood, y resucitar así a los hijos de Drácula.

RFC

Un villano no tan favorito


En medio de un verano atiborrado de películas animadas y de vampiros, donde no hay demasiadas opciones en cartelera – a excepción del Festival de Cine Internacional-, NBC no se podía quedar atrás, y se lanzó con todo –o al menos con algo- a competir con las grandes Toy Story 3 y Shrek. La invitación, originalmente, incluía ponerse los lentecitos y pasar una mañana viendo imágenes en 3D, pero los fallos tecnológicos nos lo impidieron – algo que en mi caso fue beneficioso, pues tengo mis diferencias con el formato- y terminamos sintiéndonos como en la vieja escuela. Así apreciamos al villano favorito – que no tanto – en 2D.

La película comenzó bien. Un villano oscuro, amargado, montuno y desadaptado convence. Pero en el momento en que abre la boca y dice su primera palabra, la imagen se cae por completo, a pedazos, estrepitosamente. Una vocecita de mafioso ruso rebuscada y exagerada, que a ratos ni se entiende, hace que el personaje se nos antoje ridículo.

Tres niñas huérfanas vienen a hacer las veces de antagonistas en la historia: prácticamente las únicas cuerdas de todo el asunto. Son ellas las que h

acen cambiar la vida del personaje principal, en una historia que se apropia inmediatamente del clásico cliché moralista ya conocido por todos en el cine. Más de lo mismo, con la diferencia de que en este caso involucramos el robo de la luna.

La historia es pobre y carece de continuidad, y llega a forzar la inclusión de escenas que no concuerdan directamente con el curso de los acontecimientos. Parecen colocadas para captar la atención del espectador y sacarle una risa forzada, con segmentos de comedia boba al propio estilo de una Scary Movie.

Grandes lagunas dejan los guionistas al momento de rematar la historia con lo que ya el espectador conoce desde que se sienta en la butaca. No sorprende, no impresiona, no causa conmoción alguna. Algunos lograrán sacar a flote los sentimientos encontrados. Pero definitivamente si alguien deja unas lagrimitas por ahí es porque tiene que arreglar su vida, y un psicólogo -y no precisamente la sala del cine- es mi mejor consejo para estos casos.

Una absurda lucha entre villanos bonachones se desata por ver quién comete el crimen del siglo. Las niñas intervienen ayudando, inocentemente y sin saberlo, al personaje principal. Es a partir de ahí que comienza el desenvolverse de la tristemente clásica -en tanto conservadora- moralina sobre la familia, los amigos y la amistad.

Salvo a los personajes amarillos que forman una comuna hippie debajo de la casa del villano (al estilo de los “Troglos” de Delicatessen, o de aquellos primos lejanos de los Muppets que se dejaban ver en Fraggle Rock). Son ellos los que le dan vida a la historia, echando una mano en los distintos planes del protagonista. Causan los pocos momentos de gracia aislados de la rutina.

Una mención aparte merece la parodia de Lehman Brothers convertida en Banco de Villanos.Es justo el momento en el que uno cree que la película tomará un color y ritmo abiertamente burlescos, pero no termina siendo así. Decepción al final.

Vale verla, es para los pequeños de la casa, y es una fácil –pero no positiva- escapatoria al boom vampiresco de amor adolescente que está desatado en el mundo entero. Ojo: quizás yo sea un amargado, porque las señoras de la fila de adelante gozaron un mundo.

Salud y hasta la próxima.

RFC

No Sex and No City


Desde hace días las mujeres están en vilo con la llegada de Sex and the City 2 al cine. Yo confieso a viva voz que no sé absolutamente nada del tema, jamás he visto un solo capítulo de la serie y hasta hace pocos días recordaba a Sarah Jessica Parker como la bruja de aquella película Hocus Pocus, y no como Carrie la escritora.

La película es un tratado de autoayuda en pro de un modo de superación femenina artificioso y alienante, levantado sobre las bases surreales que hoy mantienen las noches caraqueñas, convirtiendo esta capital en una especie de Ciudad Glam, donde lo chic, lo fashion, lo Titita Penzini, el pseudo emprendedurismo y la falsa moda alternativa tienen a las mujeres – y a los hombres también ¿por qué no?- de cabeza buscando de cualquier manera “cuadrar” en esta vorágine.

Digo autoayuda porque la película es explícitamente clasista. Toda mujer querrá tener un mayordomo caminando junto a ella con un paraguas que la cubra del sol en las playas de Abu Dhabi, para luego darse un masaje en el exótico hotel donde el sexo, tácito protagonista, está prohibido.

Una boda gay judía ocupa -y opaca- los primeros 20 minutos de la cinta, con la aparición forzada de Liza Minnelli haciendo las veces de rabino y un escenario American Idol en gala terminan ridiculizando al máximo el tema homosexual. Más que una defensa o una apología termina siendo una burla. Luego nos espera una exposición de vestidos de más de dos horas, al punto en que las protagonistas se visten de gala para ver una película –en blanco y negro- en casa. No sabía que era más cómodo cocinar, leer o dormir en ropa de matrimonio. Debe ser una manera inteligente de vender los diseños de verano, a través de una película que tiene un éxito de taquilla asegurado por su tradición y representación. Me voy por esa opción.

La historia va de cliché en cliché. La falta de guión quizás se disimula por los zapatos de los personajes o el rebote continuo de la niñera, pero no hay una historia clara. Es un remate forzado para vender más de lo mismo, una comedia donde lo cómico queda por fuera, salvo esos chistes femeninos donde uno pone cara de “ok, las mujeres son de otro planeta”.

Cada vez que un hombre aparecía en pantalla o se hacía un primer plano de algún par de zapatos, las cuarentonas gritaban y suspiraban con emoción, reviviendo aquellos años que están precisamente viviendo las seguidoras de Twilight cuando aparece el vampiro sin camisa o brillando bajo el sol.

El resultado es pobre: una película que no nos regala nada y nos quita tiempo, ofrece falsas esperanzas, y muestra más de lo mismo a lo que ya estamos acostumbrados. La tan peligrosa y nada esperada menopausia para Sex and the City llegó y no hay cremas ni pastillas que se la lleven.

RFC

Alice In Disneyland


Me considero seguidor de las películas de Tim Burton, y definitivamente, esta no es la mejor del director hasta la fecha. Es una de las cintas más esperadas del año, y quizás por eso pierde fuerza una vez que es vista. Está sobrestimada.

Apegada a la historia de Alice In Wonderland y Through the looking-glass, Burton crea su propia historia, utilizando los personajes del primer libro, mientras se maneja en su mayoría con la del segundo. Se puede notar a perfección la mano de Disney, censurando las ideas oscuras de Burton, y dándole el toque familiar/infantil a la película, aunque el maduro y negro guión nos conduzca hacia otra cosa.

Nos muestra una Alicia mayor, a punto de casarse, con una madurez que la convierte políticamente incorrecta en la época en la que está. Su locura es transmitida a través de los sueños, y a medida que avanzan los minutos no sabemos quien es el cuerdo de la historia: la niña o quienes viven en el mundo paralelo.

La estética de Burton se denota a medias. A pesar de sus características puertas y ramas espirales, se deduce que Wonderland no es el mundo que el director se planteó en su cabeza para darle vida a la historia, ni el que Carroll muestra en sus escrituras: una vez más, la mano de Disney se hizo presente.

Los personajes varían entre lo perfecto y lo mediocre, son presentados de forma que pareciera que todos los conociéramos a fondo, de manera que no se profundiza en ninguno. Interesante la estética de Ábsolum, la oruga, el personaje más sabio –dentro de su propia locura- aunque la voz de Alan Rickman no se me hace la más apropiada para la ocasión. El gato Cheshire con un sarcasmo que en ciertas ocasiones se queda corto. La Reina Blanca (Anne Hathaway) con una exagerada inocencia, que llega a parecer burlesca cada vez que aparece en pantalla. Mención aparte para la Reina Roja (Helena Bonham Carter), la mejor actuación de la película sin duda alguna.

Algo que si es cierto después de ver a Johnny Depp haciendo del Sombrerero Loco, es que el actor ya está acabado. Este personaje es el hijo de Jack Sparrow, Willy Wonka e Ichabod Crane (Sleepy Hollow). Los mismos gestos, la misma actuación a la que nos tiene acostumbrados este señor que ya pareciera que es un actor limitado. Tim Burton debería evolucionar y cambiar a su predilecto, es hora de avanzar.

La historia es una mezcla de Hook de Spielberg, La Historia Sin Fin y Narnia. Alicia estuvo en Wonderland a los 10 años y sus recuerdos son a través de un sueño. El Inframundo espera su segunda visita para salvarlos del autoritarismo de la Reina Roja y acabar con su arma: el Jabberwocky. Es exactamente a lo que nos tiene acostumbrados Disney en los últimos años, el extranjero que llega con el titulo de “elegido” a salvar a un mundo desvastado.

Wonderland a pesar de todo, es perfecto, llega a ser como siempre nos lo imaginamos de niños. La digitalización está algo exagerada, pero no se pierde el sentido ni es estéticamente errada. Mención merecida para los dos castillos, en especial el rojo.

A modo personal, he sentido la presencia de Michael Jackson en las últimas producciones de Burton. Estuvo reflejado en el personaje de Willy Wonka, y ahora, una vez más en el baile final del Sombrerero Loco. ¿Burla, admiración, o simple paranoia personal?

RFC