lunes, 25 de octubre de 2010

No Sex and No City


Desde hace días las mujeres están en vilo con la llegada de Sex and the City 2 al cine. Yo confieso a viva voz que no sé absolutamente nada del tema, jamás he visto un solo capítulo de la serie y hasta hace pocos días recordaba a Sarah Jessica Parker como la bruja de aquella película Hocus Pocus, y no como Carrie la escritora.

La película es un tratado de autoayuda en pro de un modo de superación femenina artificioso y alienante, levantado sobre las bases surreales que hoy mantienen las noches caraqueñas, convirtiendo esta capital en una especie de Ciudad Glam, donde lo chic, lo fashion, lo Titita Penzini, el pseudo emprendedurismo y la falsa moda alternativa tienen a las mujeres – y a los hombres también ¿por qué no?- de cabeza buscando de cualquier manera “cuadrar” en esta vorágine.

Digo autoayuda porque la película es explícitamente clasista. Toda mujer querrá tener un mayordomo caminando junto a ella con un paraguas que la cubra del sol en las playas de Abu Dhabi, para luego darse un masaje en el exótico hotel donde el sexo, tácito protagonista, está prohibido.

Una boda gay judía ocupa -y opaca- los primeros 20 minutos de la cinta, con la aparición forzada de Liza Minnelli haciendo las veces de rabino y un escenario American Idol en gala terminan ridiculizando al máximo el tema homosexual. Más que una defensa o una apología termina siendo una burla. Luego nos espera una exposición de vestidos de más de dos horas, al punto en que las protagonistas se visten de gala para ver una película –en blanco y negro- en casa. No sabía que era más cómodo cocinar, leer o dormir en ropa de matrimonio. Debe ser una manera inteligente de vender los diseños de verano, a través de una película que tiene un éxito de taquilla asegurado por su tradición y representación. Me voy por esa opción.

La historia va de cliché en cliché. La falta de guión quizás se disimula por los zapatos de los personajes o el rebote continuo de la niñera, pero no hay una historia clara. Es un remate forzado para vender más de lo mismo, una comedia donde lo cómico queda por fuera, salvo esos chistes femeninos donde uno pone cara de “ok, las mujeres son de otro planeta”.

Cada vez que un hombre aparecía en pantalla o se hacía un primer plano de algún par de zapatos, las cuarentonas gritaban y suspiraban con emoción, reviviendo aquellos años que están precisamente viviendo las seguidoras de Twilight cuando aparece el vampiro sin camisa o brillando bajo el sol.

El resultado es pobre: una película que no nos regala nada y nos quita tiempo, ofrece falsas esperanzas, y muestra más de lo mismo a lo que ya estamos acostumbrados. La tan peligrosa y nada esperada menopausia para Sex and the City llegó y no hay cremas ni pastillas que se la lleven.

RFC

1 comentario:

  1. Pésima. Y lo de no sex and no city te lo copiaste de mi blog! plagista!!! jajaja

    bueno, aunque a cualquiera se le ha podido ocurrir. Na wevonada

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