
La película llega incorrectamente justificada a un país que carece profundamente de temáticas o ideas nuevas. Esto me hace pensar, ¿son los cineastas los que no quieren ir más allá, o es la consecuencia de toda una sociedad conformista que se mantiene al margen de lo que ya es conocido?
Hermano busca de manera forzosa no caer en ese montón establecido que ya ha sido criticado eternamente. Utiliza el fútbol – un tema en boga por el caso Mundial – para transmitir más de lo mismo, lo que ya todos conocemos y estamos cansados de ver.
Cada proyecto que se estrena en Venezuela entra en una especie de competencia para destronar al anterior. Todas tratan lo mismo, y con una mínima estética diferente buscan convertirse en la mejor del género, uno que ya está acabado, sin ideas y sin novedades que hagan el intento de resucitarlo.
El Caracas FC viene siendo el sueño en búsqueda para escapar de un mundo en decadencia, ese en el que viven todos los protagonistas que hemos conocido a lo largo de la historia, donde quien domina es la droga, la violencia, la venganza, las balas perdidas, la muerte inocente, el deseo autoritario y la falta de superación personal.
Con esto no me refiero a que la idea sea mala, de hecho, la película responde a una estructura bien formada, ¿pero hasta qué punto el espectador quiere seguir viendo el conocido cuento, el final predecible y el mundo imperfecto en el que vive? Todo tiene su límite.
La historia en sí cuenta con giros dramáticos interesantes que llega a acaparar la atención en determinados momentos, pero el problema aquí quizás reside en un guión incompleto, marcado por frases de autoayuda, con clichés rebuscados y discursos alentadores que caen en la falsedad sobreactuada por parte de los intérpretes.
Usar actores desconocidos, que jamás se hayan parado frente a una cámara tiene sus pro y sus contra, y me voy más por los pro, porque los contra pueden mejorarse con los meses de pre producción. Y esto me lo demostró el personaje de Julio, el único por encimita que no se deja llevar por la sobreactuación y las líneas de laboratorio preestablecidas.
El mensaje final se quiere mostrar con facilidad, sí, se puede salir del barrio, pero ¿hasta que punto el drama violento y vengativo puede nublar los deseos de sueño y superación? ¿hasta dónde es capaz de llegar una persona para salvar a otra de lo inevitable?
Los invito a verla y a debatirla, pero eso si, con criterio. No siempre tenemos que apoyar todo lo que se hace en casa únicamente porque esté hecho en casa. En este caso, yo le doy mi visto bueno, es una película interesante que llegó tarde, el tren del género la dejó en la estación, y aquí llega, arrastrada, unos años después.
RFC
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