lunes, 25 de octubre de 2010

Un villano no tan favorito


En medio de un verano atiborrado de películas animadas y de vampiros, donde no hay demasiadas opciones en cartelera – a excepción del Festival de Cine Internacional-, NBC no se podía quedar atrás, y se lanzó con todo –o al menos con algo- a competir con las grandes Toy Story 3 y Shrek. La invitación, originalmente, incluía ponerse los lentecitos y pasar una mañana viendo imágenes en 3D, pero los fallos tecnológicos nos lo impidieron – algo que en mi caso fue beneficioso, pues tengo mis diferencias con el formato- y terminamos sintiéndonos como en la vieja escuela. Así apreciamos al villano favorito – que no tanto – en 2D.

La película comenzó bien. Un villano oscuro, amargado, montuno y desadaptado convence. Pero en el momento en que abre la boca y dice su primera palabra, la imagen se cae por completo, a pedazos, estrepitosamente. Una vocecita de mafioso ruso rebuscada y exagerada, que a ratos ni se entiende, hace que el personaje se nos antoje ridículo.

Tres niñas huérfanas vienen a hacer las veces de antagonistas en la historia: prácticamente las únicas cuerdas de todo el asunto. Son ellas las que h

acen cambiar la vida del personaje principal, en una historia que se apropia inmediatamente del clásico cliché moralista ya conocido por todos en el cine. Más de lo mismo, con la diferencia de que en este caso involucramos el robo de la luna.

La historia es pobre y carece de continuidad, y llega a forzar la inclusión de escenas que no concuerdan directamente con el curso de los acontecimientos. Parecen colocadas para captar la atención del espectador y sacarle una risa forzada, con segmentos de comedia boba al propio estilo de una Scary Movie.

Grandes lagunas dejan los guionistas al momento de rematar la historia con lo que ya el espectador conoce desde que se sienta en la butaca. No sorprende, no impresiona, no causa conmoción alguna. Algunos lograrán sacar a flote los sentimientos encontrados. Pero definitivamente si alguien deja unas lagrimitas por ahí es porque tiene que arreglar su vida, y un psicólogo -y no precisamente la sala del cine- es mi mejor consejo para estos casos.

Una absurda lucha entre villanos bonachones se desata por ver quién comete el crimen del siglo. Las niñas intervienen ayudando, inocentemente y sin saberlo, al personaje principal. Es a partir de ahí que comienza el desenvolverse de la tristemente clásica -en tanto conservadora- moralina sobre la familia, los amigos y la amistad.

Salvo a los personajes amarillos que forman una comuna hippie debajo de la casa del villano (al estilo de los “Troglos” de Delicatessen, o de aquellos primos lejanos de los Muppets que se dejaban ver en Fraggle Rock). Son ellos los que le dan vida a la historia, echando una mano en los distintos planes del protagonista. Causan los pocos momentos de gracia aislados de la rutina.

Una mención aparte merece la parodia de Lehman Brothers convertida en Banco de Villanos.Es justo el momento en el que uno cree que la película tomará un color y ritmo abiertamente burlescos, pero no termina siendo así. Decepción al final.

Vale verla, es para los pequeños de la casa, y es una fácil –pero no positiva- escapatoria al boom vampiresco de amor adolescente que está desatado en el mundo entero. Ojo: quizás yo sea un amargado, porque las señoras de la fila de adelante gozaron un mundo.

Salud y hasta la próxima.

RFC

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