
Cuando me dispuse a ver esta película, sabiendo ya que toca el tema homosexual, que está en boga en estos tiempos modernos, supuse que iba a ver una cinta independiente que buscaría rasgar el extraño éxito que tuvo Brokeback Mountain, pero en este caso al sentido inverso. Al final me llevo la opinión de que tenía algo de razón, y que a su vez parte del principio de American Beauty.
La película intenta mostrarnos en todo momento que una pareja de lesbianas puede, con la mayor tranquilidad del mundo, sacar adelante a una familia tal como si fueran heterosexuales. La familia americana por excelencia. No me quejo, no soy tan escéptico a eso, pero no es tan fácil como te lo pinta Lisa Cholodenko. Nos la muestra tan integrada a la sociedad que no es creíble, es propia de un reality show. La directora se equivocó de pantalla: estamos hablando de cine, no de televisión.
Si, tiene un guión ligero, con situaciones que deambulan entre la seriedad del asunto y la comicidad para que el alargue no se haga tedioso. ¿Funciona? Si, si funciona. A medias, logrando lo que debería lograr en su sencillez, pero sin buscar más allá, sin llegar a la grandeza. Es por eso que se queda ahí, logrando en este caso una nominación a la Academia con un chance porque entran diez candidatas.
Sin darse cuenta, la cinta, que en principio busca apoyar este tipo de relaciones y abrir camino entre quienes se oponen, cae en los mismos estereotipos que plantearía una familia normal sobre este tema.
Nos muestran el personaje de Anette Benning, que es la heroína de la familia. Ella sola logró, como mujer independiente que es, levantar la casa a pesar de los fantasmas que le persiguen, propios de cualquier relación heterosexual. Por otro lado, tenemos a Julianne Moore, que bien podría ser la mala, la antagonista, aquella que a pesar de tenerlo todo, e ir a favor de sus gustos sexuales, necesita plantearse y calmar su deseo sexual con un hombre, y escoge nada más y nada menos que al padre de sus hijos: el desconocido que cedió su semilla en un banco de esperma.
La pareja, dos grandes actrices, se quedan cortas en su actuación de lesbianas. No hay pasión entre ellas y las situaciones llegan a verse confusas y exprimidas sin dejar mucho. Benning ganará su premio por el papel que hace de comandante de la casa, pero no por su lesbianismo. Los dos niños tienen un desempeño normal, no había que exigirles mucho tampoco. Quien si resalta es Mark Ruffalo en los distintos sentimientos que tiene que demostrar en las diferentes etapas de la película. Bravo por él, porque es el único que realmente llega a demostrar quien es, a pesar de que también hace las veces de antagonista.
Recomendada está. Tiene todo lo necesario para ser una cinta independiente de valor, y quedará para el archivo de proyectos homosexuales, pero se pierde por completo entre la línea de la verosimilitud y la ficción. Todavía le falta a este género agarrar camino en una sociedad que no está preparada para ellos. Por ahora, The Kids Are All Right.
RFC
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