martes, 7 de diciembre de 2010

Hollywood en una red social


Diariamente, Mark Zuckerberg hace pública la vida de todas las personas sobre el planeta, ahora fue el turno de Hollywood, comandado por David Fincher, quien expone la vida de este atormentado personaje: que renunció a sus amigos y su vida patética, para entrar en el mundo de los famosos y los escándalos.

Fincher se sube al tren de una historia que permanece reciente y que está lejos de acabar. Nos presenta a este joven millonario desde sus comienzos, con sus debilidades, su frialdad producto de su incompetencia a la hora de relacionarse. Guerrero narciso y solitario, que se hace eco de una idea virgen en proceso de desarrollo y la transforma en un monstruo capaz de cambiar la era tecnológica.

Zuckerberg en The Social Network viene a ser el hijo incomprendido del creador de Tyler Durden en Fight Club, es un personaje lineal, que en ningún momento muestra un cambio en toda la trama. Es predecible, transparente, plano, es un saco de complejos a punto de explotar, pero que en ningún momento estalla como una bomba de tiempo. El drama de Fincher se hace notar. En este caso deja una huella personal en el mundo de las fraternidades, en Harvard, en la guerra por lucir, la lucha económica y el prestigio de dejar un nombre en el paso universitario.

Cada personaje en la historia vela por su propia conveniencia. Existe el sentimiento frívolo en cada uno de ellos, bien sea al coronarse en la cima de los inventos o perpetuar el apellido fuera de los escándalos, con fin de cuidar la reputación mantenida en años por demás familiares.

La película cuenta con un ritmo lineal que en ningún momento sube o baja, sino que se mantiene en un horizonte plano, alcanzando un drama que busca elegantemente caer en determinados instantes en la comedia inteligente. El tiempo va y viene, presentándonos el alzamiento y colapso del héroe social, así como la red, tal y como la conocemos, con sus puntos y aplicaciones, va cogiendo forma y esquematizando lo que hoy en día acostumbramos a usar como parte de nuestra rutina diaria.

Al final entendemos que el personaje atormentado se llevará por delante a quien tenga que llevarse para alcanzar una meta, un puesto en la historia. No es nada nuevo, es algo que conocemos ya. El narciso logrará lo que se planteó desde un comienzo a pesar de que a su alrededor exploten como torbellinos desesperados buscando figurar, distintos aspectos de su vida pasada. Los amigos, los enemigos, los que una vez estuvieron y los que no, todos quieren sacar su pedacito de pan. Todos quieren su firma, su porcentaje. Válido o no, están allí, presentes para aprovecharse o para hacer justicia.

Fincher expone de igual manera los problemas autoritarios que existen en todas las entidades, en este caso, la universidad. Es el día a día de cualquier persona, con dinero o no. La odisea para lograr diligencias publicas. Es el Goliat sobre un David que terminará despertando años después para darle con una piedra en los dientes.

Sorpresa ofreció Timberlake, quien en su carrera cinematográfica jamás ha sido valorado porque no ha tenido ninguna representación digna de tal. Lo está logrando, poco a poco, sacándose la imagen de bailarín pop, a sabiendas de que ya eso de ser el doble de Jackson no está en vigencia. Suerte en el proceso evolutivo para Justin.

No es la película del año, aunque se muestra como favorita a llevarse ese premio. La historia y la Academia decidirán que hacer con este Mio Cid tecnológico, que llegó para salvar a aquellos que deben esconderse detrás de una pantalla para abrirse camino en la sociedad egoísta que nos rodea en estos tiempos. La celebramos, y aseguramos que los premios venideros pueden estar de más.

RFC

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