
Rodrigo Cortés debutó en 2007 con su primer largometraje Concursante, acaparando la atención cinematográfica con varios premios nacionales e internacionales. Ahora, el director español vuelve con una película que seguramente va a pasar desapercibida en las próximas fechas venideras de premiación, pero al menos aquí, nosotros, nos tomaremos la molestia de hacerlo.
Se trata de un thriller psicológico, donde reina la claustrofobia por encima de todo, con gramos de miedo, impotencia, desesperación y búsqueda de la verdad. Por una hora y media vemos en pantalla a Ryan Reynolds, enterrado en un pequeño ataúd, intentando averiguar las causas de su prisión; y lo que hace interesante este proyecto es que el espectador está igualmente dentro de ese cajón, y lo único que sabe, es lo que sabe el protagonista.
Hay un magnífico manejo de cámara de Cortés, dejando a un lado la cámara fija para dejar que el actor muestre todo el conflicto, por el contrario, el director se arriesga a introducirnos en ese pequeño mundo bajo tierra, y así mostrarnos el espacio real que vive el personaje.
La actuación de Reynolds está interesante, verdaderamente logra causar el desespero claustrofóbico en su lucha de entender la verdad y lidiar con quienes deberían poder sacarlo de ahí. Por hora y media es el único que aparece en pantalla y el actor logra que el espectador mantenga la atención en todo momento sin extremo cansancio.
El guión está a cargo de Chris Sparling, y es quizá lo menos acertado en todo el conjunto, aunque de igual manera da en el clavo manteniendo el hilo narrativo, siempre en búsqueda de la tensión y el miedo.
Es la actitud empresarial, la ineficiencia de las fuerzas de seguridad mundial y de aquellos encargados de lidiar con problemas de rehenes y terroristas, la evolución tecnológica que no está al alcance de un ciudadano común, el desinterés de los Estados ante el individual. Buried crea también una crítica proveniente de las decisiones tomadas y acciones planteadas a raíz de 9/11 o Irak. La falsa esperanza, el egoísmo nacional, y al final, los pequeños ciudadanos son quienes pagan.
No es la primera película que trata el tema del entierro en vida, ni es la primera en crear este tipo de suspenso en tensión claustrofóbica. Habría que desenterrar al amigo Hitchcock y cuestionarlo sobre estas nuevas versiones, pero como dije arriba, es una película genial, que se coloca fácilmente entre las más acertadas del año y que seguramente pasará desapercibida. Desde aquí la celebramos y la premiamos.
RFC
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