miércoles, 24 de noviembre de 2010

Harry Potter mejorando en sus finales


Hasta los momentos la tercera parte de la saga Harry Potter era la que de alguna manera había dado la talla. Hoy en día puedo decir que David Yates, con esta primera parte del séptimo libro, pudo salvar los fracasos de la quinta y sexta.

Es, sin duda alguna, la película que más se apega a la historia del libro aunque no logra unir todas las escenas necesarias para el entendimiento total de la trama – al menos lo intenta. El guión tiene una gran cantidad de baches narrativos, lagunas que pueden atentar contra aquellos que no fueron fieles lectores de la historia de J. K. Rowling desde los comienzos.

Una variación constante de ritmo arropa las casi dos horas de película. Comienza con un tono elevado que después cae completo en una eterna calma cargada de pequeños giros interesantes que le van dando un sube y baja a la historia.

Los tres protagonistas emprenden un viaje de reflexión y búsqueda donde los deseos carnales adolescentes salen a flote. Los celos y pensamientos encontrados se hacen eco en la relación amistosa del trío mientras disfrutan de grandes paisajes británicos que sirven de postal en la vía ya conocida de Twilight.

Un innecesario alargue le dieron al viaje que se lleva más de la mitad del tiempo de cinta. Escenas que muy bien están de más como un absurdo baile entre el elegido de la cicatriz y su amiguita la estudiosa, que rompe completamente con la imagen que tiene el protagonista en los libros.

Yates logra una imagen más oscura de Harry Potter, en tiempos donde el famoso Voldemort reina el mundo de la magia y no hay ningún Dumbledore que llega a hacer el papel del padre con aires de esperanza. Momentos de humor negro explican que la saga ya dejó de ser infantil, y por detrás de la historia siempre se esconde una crítica política a los tiempos que vivimos hoy en día donde el autoritarismo y la represión, servidas en bandeja de plata, terminan por crear una sociedad pobre cargada con altas dosis de pesimismo.

Quien verdaderamente le da ritmo a la cinta es Ralph Fiennes encarnando a Voldemort. Las apariciones de este personaje logran un ambiente perturbador que enriquece enormemente la película. De igual manera Helena Bonham Carter sorprende volviendo a hacer de villana y escapando completamente de la perfecta actuación lograda con la Reina de Corazones en el mundo de Tim Burton.

Con esta primera parte del final de la saga, Warner logró salvarla, un poco tarde y fuera de fecha, pero demuestra que el daño anterior no estaba hecho en su totalidad, y que estas grandes producciones – que más que historia aportan dinero – están para sacarle provecho.

RFC

1 comentario: